Sobre Caracaos

Texto escrito por Gustavo Valle para la presentación de Caracaos en Buenos Aires (diciembre 2015)

Con esa o intercalada. Esa o de asombro. O de ojo. En alguna parte leí que en fenicio la o significa ojo. CaracaOs. Allí está la diferencia, en esa o que es también el ojo indiscreto de Marc Caellas incrustado en la Caracas que todos conocemos, o más bien, que nadie conoce a ciencia cierta, de la que no tenemos ni puta idea.

“Es más fácil entenderse con un monstruo que con lo contrario de un monstruo”, dice Marc que dice Cioran. Y una exploración de Caracas pasa por amigarse o dialogar con su condición monstruosa. Y como todo monstruo, a este no le falta ternura, y tampoco ingenuidad; le sobra amor. Como a los adolescentes el acné le brota por todos lados, también le brota dulzura, y dan ganas de piropearla cuando pasa o cuando pasamos por ella a pesar de sus espinillas, su exceso de rímel y su falta de sensatez.

Caracaos es un diario de viaje, una tentativa antropológica, un libro de relatos, un libro de crónicas, una guía turística, una libreta de apuntes, una recopilación de citas, una discografía arbitraria. Y en medio de todo eso, como atravesándolo de este a oeste, la experiencia como protagonista, como eje, la experiencia como el mismísimo río Güaire que junto con toda su mierda y todo su desparpajo atraviesa la ciudad de punta a punta. La puesta en escena de la experiencia extranjera, una extranjería mimetizada que salió del cómodo patio de butacas de la embajada de España con su pinta de oligarca pitiyanki ojos azules para acudir a ese circo urbano, esa selva de cemento donde hay fieras salvajes, cómo no.

Eso dice Héctor Lavoe en Juanito Alimaña, pero Marc lo mete en catalán traducido al venezolano y hace de la salsa una presencia en el libro, quizás porque la salsa es también un mezclote, un caos, o porque no hay forma de entender a esa ciudad que se resiste al conocimiento sin el auxilio de Eddie Palmieri machacando los teclados o Ray Barreto rompiendo los cueros. Por cierto, una vez que yo termine de leer estos párrafos y alguien saque el ron y otro ponga música, disfrutaremos del desempeño de Marc Caellas en los ritmos tropicales después de haber quemado durante varios años las pistas caraqueñas.

Inmersión. Esa palabra hay que destacarla en este libro. Inmersión en las redes de ese caos hedonista para representar la experiencia en las tarimas de teatros no convencionales como la vieja casa de Pérez Jiménez en el Country Club, o el cuarto de un Hotel con Jacuzzi, o el cuarto de un hotel mugroso, o en un carro volando hacia la Gran Sabana mientras ruge Massive Attack, o en El maní es así, en una mesa del maní es así junto a una botella de ron. Esos son los escenarios de esta puesta en escena de la inmersión que nos propone Caracaos.

Que todo sea real o que todo sea ficción, o cuáles son las proporciones de una cosa y de otra no importa. Al menos en este libro no importa. Escribir es una manera de mentir diciendo la verdad y de ser sinceros con la mentira. Incluso el que dice la verdad y nada más que la verdad miente, y el que pretende convencernos de que todo lo que escribe es ficción también miente. La verdad verdadera está en la urgencia de las palabras. Y la urgencia de Caracaos está en las palabras que su autor articula y arroja para componer su libro, bien sea copiando un epígrafe, echándonos un cuento, elaborando una reflexión o regalándonos un poema o una foto. Todo eso, en apariencia caótico, es el hábitat natural de este libro, y al mismo tiempo un intento de simulacro urbano. Por eso Caracaos es un artefacto formal, a pesar de hacer todos los esfuerzos para no parecerlo, es un artefacto formal.

No se trata de un simple anecdotario. Es cierto que todo el libro está plagado de anécdotas, de ese yo auto ficcionado, auto fingido, auto afligido metiéndose en problemas y jugando a llenar la mochila de mundologías varias. Pero esas anécdotas están permanentemente dislocadas por la pregunta ¿Cómo coño cuento yo esta vaina?, con qué recursos narrativos, con qué herramientas estéticas puedo abordar esos recuerdos, esa memoria. Cómo cristalizar en palabras lo que la experiencia nos ofrece en carne viva. En el libro no hay una sola referencia, al menos explícita, acerca de este asunto, pero al leerlo uno se pregunta estas cosas, quizás porque los libros de experiencias son a su vez incesantes reflexiones acerca de los recuerdos, cómo se adhieren a nuestra vida, cómo se esfuman o cómo cambian.

El tema de la carne es importante en Caracaos. Es un libro carnívoro porque se ocupa de los cuerpos, del amor a los cuerpos, de la piel, de la cama, de las revolcadas, de las chupadas, de los gemidos. Y sobre todo de las fantasías que nos empeñamos en cultivar con todas estas cosas. Hay celebración del amor, y no podía ser de otra forma, porque no existe otra manera de conocer una ciudad que cogiéndosela. Ustedes se preguntarán: ¿cómo es eso de cogerse una ciudad? Pues bien, van a tener que leer el libro para enterarse.

En la tapa está la famosa foto de Nelson Garrido en la que el Parque Central sangra como la gran menstruación nacional de un país que se desarticula y autodestruye. Ese país público también está en el libro, pero como telón de fondo. Un telón de fondo que merecería un volumen aparte. La política está en Caracaos, ¿cómo no iba a estar?, y también está el control de cambio y la revolución y la oposición y los malandros y la policía. Pero todo eso está como durmiendo la siesta, o quizás en forma de esas horribles pesadillas que soñamos cuando dormimos la siesta. Por cierto, como buen español o catalán, la siesta es muy importante para el autor de Caracaos. Los asesores culturales de las embajadas españolas en Latinoamérica deberían promoverla como parte de su gestión cultural, como el mascarón de proa de su gestión cultural en nuestros sudacas países insomnes.

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Caracaos en La Vanguardia

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Muerte, sexo y licor

MUERTE, SEXO Y LICOR
Una reseña de J.S. de Montfort para Hermano Cerdo

“Si en Carcelona había una voluntad crematística, aquí hay un empeño purificador. Donde allá había incomodidad aquí hay arrebato. La diferencia entre ambas es que a Caracaos no le impulsa el deseo por decirlo todo, sino la ambición de decir la verdad. Así hay velos (que no ocultaciones), también disfraces y máscaras. Pero no hay posados. Todos los vestidos revelan al hombre, facetas de un yo que se habla a sí mismo.

Se trata, por ello, de un texto vivo, mutante, donde las voces ajenas interfieren en la propia; un volumen de apariencia desordenada, mucho menos aseadito que Carcelona, pero mucho más dramático, y puro. No es un libro espoleado por la sorpresa o la incredulidad, sino expelido por las secuelas (del amor, del delirio, del miedo). Si Carcelona era un libro urbano, este es un libro salvaje.

En Carcelona había una voluntad de diálogo, aquí hay una voluntad de estilo.”

Aquí el texto completo.

Para comprar el libro (envíos gratuitos)

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CARACAOS

Editorial Melusina

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El Paseo de Robert Walser en Barcelona, Terrassa (TNT) y Madrid

El paseo de Robert Walser es una propuesta escénica cambiante que tiene lugar en las calles de barrios de diferentes ciudades y en distintos horarios. Suerte de obra de teatro site-specific, el trayecto comienza en una esquina, en la que un reducido grupo de espectadores se encuentra con el actor que interpreta al paseante de Robert Walser y lo sigue durante una hora, en aparente anarquía, por el barrio en cuestión. Durante el camino se producen encuentros, azarosos o no, teatrales o no, improvisados o no, con un comerciante, una actriz retirada, un librero, una cantante y/o una empleada pública; también hay una parada con refrigerio en el domicilio particular de una amiga y mecenas, poco antes que el atardecer nos conduzca al final de la obra.

Son solamente 10 cupos por función.
Reservas y más información en robertwalser2012@gmail.com

Del 28 al 30 de septiembre. Barcelona – Horta.

Del 2 al 3 de octubre. Terrassa – Festival TNT

Del 7 al 10 de octubre. Madrid – Tetuán – Teatro Pradillo.

Una imagen de Elisa Abión

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El estómago de los escritores – Kosmópolis 2015

(Después de la digestión)

Presentación

Hay una relación directa entre lo que se ingiere y lo que se escribe. Entre lo que se piensa y lo que entra en el cuerpo en forma de alimento, bebida, medicamento, humo y otras sustancias, volátiles o no. El creador y director de propuestas escénicas Marc Caellas y el periodista y escritor Jordi Nopca querían saber con qué tragan y no tragan los jóvenes escritores españoles, cómo mastican un concepto, cómo digieren una idea. En el reciente Kosmpolis hicieron subir a seis de ellos al mirador del CCCB y allí sucedió esto:

Crónica

«Hace varios años yo cenaba con unos amigos en un pequeño restaurante (entrada, plato del día, queso o postre); en otra mesa cenaba un filósofo que ya gozaba de una justa reputación; cenaba solo, leyendo un texto mecanografiado que seguramente era una tesis. Leía entre un plato y otro, y a menudo entre un bocado y otro, y mis amigos y yo nos preguntábamos cuál sería el efecto de esa doble actividad, cómo se mezclaban ambas, qué sabor tenían las palabras y qué sentido tenía el queso: un bocado, un concepto, un bocado, un concepto… ¿Cómo se masticaba un concepto, cómo se tragaba, cómo se digería? ¿Y cómo dar cuenta del efecto de ese doble alimento, cómo describirlo, cómo menstruarlo?»
Georges Perec

Hace unos días entraba al supermercado (morro frito, vino); en mi cabeza revoloteaba lo que me había contado Unai Velasco la noche anterior; los siete ataques epilépticos que había sufrido le habían pillado leyendo. Sí, de acuerdo, decía el joven poeta, me paso gran parte del tiempo frente a libros, pero incluso así, sin ser paranoico, me inquieta esa conexión de la lectura con la epilepsia. ¿Podrías llevar las cajas de los medicamentos que tomas vacías?, le pedí. Me gustaría tener una montaña de cajas de Depakine Chrono 500 mg en la mesa que usaremos en esta suerte de eucaristía literaria que oficiaremos en Kosmopolis. Me parece importante hacer entender al público que todas estas pastillas que tomas influyen en tu creación poética. Al igual que la Cetirizina que toma María Folguera para combatir una urticaria inesperada condiciona indefectiblemente su escritura.

Finalmente una sola caja llegó al mirador del CCCB, esa sala en las alturas desde donde los guiris parecen no existir. Quedó medio desdibujada entre tanto morro frito. Y es que, a pesar de que la idea era hablar del alimento espiritual del poeta Velasco y la dramaturga Folguera, la liturgia terminó con la comunión. No hubo ostias consagradas. María le sirvió un vaso de aguardiente a San Lázaro antes de ofrecer a los fieles yemas de Santa Teresa, como si fuera una prelada de la iglesia anglicana, la única del ámbito cristiano que admite mujeres en su sacerdocio. Mientras tanto Unai resistía la tentación de comerse él sólo toda la bandeja, como ha hecho algunas veces en la intimidad, y compartía con los asistentes el cuerpo de cerdo.

(continuación en El Estado Mental)

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Guiris go home en El Estado mental

BARCELONA, LA CIUDAD DEVORADA
‘Guiris go home’ y el extractivismo económico como modelo turístico de la capital catalana
por Silvia Cruz Lapeña para El Estado Mental

Una cola apretujada para entrar y un intenso olor a gamba chamuscada. Podría ser una escena habitual en la puerta de cualquiera de las “atracciones” que ofrece Barcelona a sus casi ocho millones de visitantes anuales. Pero es la entrada del Antic Teatre, donde se estrena Guiris go home, título de la obra en la que el director Marc Caellas observa la ciudad y su fiebre turística desde una escenografía en la que reina un señor que prepara una paella.

“¡Guiris go home!”, le espetan los actores a un grupo de extranjeros seleccionados y puestos entre el público a los que se les pregunta a qué han venido a la ciudad. “A ver a mis amigos”, dice una. “Quiero conocer el mundo”, contesta otro. “A buscar marido”, responde la última inquirida después de una diatriba en la que los intérpretes demuestran al respetable que cualquier movimiento es turismo. Si vas a un balneario, turismo termal. Si vas a beber vino, turismo enológico. Que vas a ligar, turismo sexual. Vayas donde vayas, querido visitante y también autóctono, las estadísticas, los poderes y la industria te catalogarán como turista.

Los vídeos, relatos, noticias y canciones que componen la obra resumen la situación de una ciudad que ya construye pistas con nieve artificial para que el turista tenga de todo, que cuenta con un tercer hotel cápsula y que lucha con denuedo para superar los ocho millones de turistas al año cuando en 1990 apenas recibía dos. La obra de Caellas no niega que el turismo sea una fuente de ingresos. Lo que se cuestiona es el modelo. El director es tajante: no ve beneficio en el hecho de que un turista compre ropa de lujo en una multinacional con sede en el Paseo de Gràcia. Menos aún si esa multinacional explota a sus trabajadores. Con lo que queda clara una cosa nada más empezar la obra: la culpa no es sólo del guiri.

INGRESOS, MOLESTIAS Y ALGO DE HIPOCRESÍA
Unos días antes del carnaval, saltó la noticia de que en Venecia un grupo de personas había ocupado el ayuntamiento. Eran funcionarios que se habían instalado en las dependencias del consistorio para protestar por los recortes de sus salarios y para advertir de que el ayuntamiento amenazaba con declararse en bancarrota. ¿Qué hacen con el dinero que gastan los 27 millones de turistas que nos visitan cada año?, se preguntaban los reclamantes. Pero la respuesta, por desgracia, se la tragó el carnaval.

En Barcelona, ciudad que se mira en Venecia y en otros casos de turismo masivo, muchos se hacen la misma pregunta. Según datos oficiales, el 25% de lo que genera el sector se invierte en la ciudad y en sus ciudadanos. La cuestión no es si eso es mucho o poco. La cuestión es a dónde nos lleva este modelo voraz y si merece la pena tanta molestia.

Algunas asociaciones de vecinos, como los de La Barceloneta, ya hace tiempo que protestan por el lamentable espectáculo con el que los turistas toman sus calles en cualquier época del año, pero sobre todo en verano. SOS Carrer Enric Granados surgió en agosto de 2014 en un distrito, el Eixample, que no tiene fama de ser especialmente protestón, pero los cinco hoteles y veinte bares, con sus respectivas terrazas, que hay en menos de 200 metros lineales de calle colmaron la paciencia de un barrio acostumbrado a la tranquilidad.

Enric Granados es el ejemplo de lo que sucede en Barcelona, donde el radio de acción de los turistas cada vez es más amplio. Ahora, además de Ciutat Vella, Eixample, Gràcia y Sant Martí son distritos que también sufren la “invasión.” Aunque no hay que engañarse: muchos se benefician de ella. Apartamentos turísticos ilegales, Bed&Breakfast sin licencia y otros negocios clandestinos son fuente de ingresos para algunos que se quejan de lo mal educado que es el guiri pero del que se aprovechan para hacer su pequeño negocio sin pagar impuestos. Ahora la crisis justifica esta práctica, pero lo cierto es que esto ya se hacía antes de entrar en recesión. Al turista se le critica en público, pero se le sangra en privado. Lo dicho: la culpa no es sólo del guiri.

BELLEZA VERSUS MAL GUSTO
“Barcelona ha hecho de la belleza su mejor negocio”, dice la voz en off del vídeo con el que se abre Guiris go home, un vídeo promocional de la ciudad con el que se quieren mostrar los atributos de la marca Barcelona. Quien escribió la frase debió pensar en su día que era muy resultona, pero escuchada con cierta distancia suena a anuncio de contactos. Entre las cualidades que se han destacado de la ciudad están su legado cultural, la gastronomía, cierto cosmopolitismo o la cercanía con Europa, rasgos elegidos para construir la marca Barcelona.

Del tema de la marca se han ocupado desde diversos frentes artistas, periodistas, urbanistas y pensadores. El documental Bye Bye Barcelona, de Eduardo Chirbás, es un ejemplo. La cinta retrata la degradación que ha experimentado la ciudad con la afluencia masiva de visitantes y el poco cuidado que han puesto las autoridades en evitarla. Lugares emblemáticos como la Rambla o la Sagrada Familia se han convertido en escenarios de cartón piedra donde comprar castañuelas de mentira, sombreros mexicanos o souvenirs abominables. Nada que ver con la cultura o el cosmopolitismo.

La idea del parque temático es recurrente. Como lo es la falta de respeto que muestran muchos visitantes llegados en cruceros o vuelos baratos. No hay más que echar un vistazo a Tourist Walk, el proyecto del fotoperiodista Marc Javierre-Kohan en el que da cuenta de lo que hacen muchos en Barcelona: beber hasta caer, ir de putas por la Rambla, liarla parda por las calles a cualquier hora, celebrar despedidas de soltero que duran días y pasearse desnudos como si estuvieran en el salón de su casa, entre otras cosas. Viendo esas tomas, viene a la cabeza la frase que Caellas emplea para definir el turismo: “Consiste en transportar a gente que estaría mejor en su casa a lugares que estarían mejor sin ellos”.

Decir que todos los turistas no son así sobraría, pero bueno es recordarlo para que nadie se ofenda. Algunos ni pasan del puerto en el que atracan, otros son educados y también los hay que vienen con agencias de lujo que les ahorran el mal trago de compartir espacio con tanto bárbaro, ya sea extranjero o autóctono.

Una pregunta asalta sin remedio al mirar las fotos de Javierre-Kohan o al darse una vuelta por la Rambla cualquier día de la semana: ¿es ésta la ciudad inspiradora que promociona el Ayuntamiento de Barcelona?

ABUNDANCIA A CORTO PLAZO
Precisamente esa imagen idílica de ciudad creativa, sol, playa, cultura y buena vida es la que empieza a desmoronarse. Marina Garcés, filósofa y profesora en la Universidad de Zaragoza, asegura que la capital catalana es ya el cuarto destino turístico del mundo que más defrauda a sus visitantes. “Desmarcando Barcelona” es el título de una conferencia que ofreció en 2014 en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) en la que reflexiona sobre el asunto. En su exposición, Garcés aplica el modelo que en economía se conoce como extractivista al modelo turístico de la ciudad.

Se habla de extractivismo en sociedades en desarrollo. Es un sistema colonizador que saca el máximo provecho de un territorio, que genera dependencia económica, que no piensa en las consecuencias que puede acarrear la voracidad con la que consume los recursos. Barcelona no es una ciudad en desarrollo y no son árboles ni minas lo que se desgasta, pero el paralelismo que plantea Garcés es elocuente: “La industria turística, que no el turista, no coloniza pero sí expropia la ciudad a los ciudadanos, a quienes se les arrebata su espacio de convivencia”. Además, el desarrollo que plantea no sólo es empobrecedor porque desgasta la ciudad y es cortoplacista, sino también porque corroe la democracia. “Economía y política no van separadas. Esta industria genera unos interlocutores privilegiados”, dice la filósofa, “que arrebatan a los ciudadanos la decisión sobre las cosas que atañen a su ciudad”.

La misma semana del estreno de Guiris go home, a las casas de los barceloneses censados llega una carta del ayuntamiento. Podría ser propaganda electoral pues falta poco para las municipales, pero lo que hay dentro es más irritante que una petición de voto. Lo que propone el folleto al ciudadano es que se registre como #Barcelover para, entre otras cosas, entrar al Parc Güell. Una vez registrado, con hora previa e identificación mediante podrá acceder gratis. Eso o pagar los siete euros que vale la entrada a un recinto público que regaló la familia Güell a la ciudad de Barcelona. ¿No es eso una expropiación?

Garcés no defiende que haya que resistirse y conservar a toda cosa “lo auténtico” porque, en realidad, las ciudades son resultado de mezclas y convivencias en evolución constante. Es absurdo resistirse a esa evolución, viene a decir, lo que no quiere decir que cualquier cambio valga.

PAÍSES Y CONTINENTES DEPENDIENTES DEL TURISMO
Marina Garcés y otros muchos hablan ya de “desmarcar” Barcelona y dejar de plantear el turismo como la única salida económica y de negocio que tiene la ciudad. Pero a pesar de que cada vez son más las voces críticas que se expresan en este sentido, el rumbo que marcan las instituciones locales, estatales e internacionales no tiene visos de cambiar. Mientras en España el grupo de presión Exceltur busca más y más apoyos entre los políticos para conseguir llegar a los 60,4 millones de turistas en 2015, Marino Rajoy, presidente del Gobierno español, asegura que el sector es “el mascarón de proa de la economía”. Sí, a eso se le llama fomentar la dependencia de un sector, tal como dice Garcés.

Fuera, en instancias internacionales, se jalea a la industria de manera similar y se la espolea para que vaya aún más deprisa. No hay más que hacer una batida por las declaraciones oficiales de la Organización Mundial del Turismo (OMT) para ver como urgen a África a “construir una marca fuerte para el continente” con el objetivo de pasar de los 56 millones de visitantes actuales a 132 en 2030. O cómo de los conflictos bélicos o de los ataques a la vida salvaje les preocupa sobre todo que vayan a mermar las ganas de los turistas por viajar al continente.

Este tipo de cosas son las que se desgranan, a veces con humor y otras con rabia, en Guiris go home. En la función, al menos, lo que empezó oliendo a gamba se convirtió en un rico arroz negro del que comió todo el público. En la Rambla y en tantas otras calles de Barcelona lo que se lleva el turista voraz es un sucedáneo. No sólo de la gamba, claro, también de Barcelona, una ciudad devorada en la que a sus habitantes se les obliga a conformarse con los restos.

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Guiris go home en El Mundo

GUIRIS GO HOME
Sergio del Amo para El Mundo

Barcelona se ha convertido en una idílica postal por y para turistas. Y, como es lógico, eso ha afectado directamente a buena parte de sus habitantes autóctonos, quienes han tenido que aprender a batallar y convivir con una riada incesante de visitantes que nos ven a todos nosotros como meros extras de un filme patrocinado por las compañías aéreas low cost. El documental Bye Bye Barcelona ya denunció esta situación que se vio reforzada por las diversas manifestaciones que los vecinos de la Barceloneta convocaron el pasado año para luchar contra la colonización turística. Pero hasta ahora este debate no se había trasladado a las artes escénicas.

El dramaturgo Marc Caellas estrena hoy en el Antic Teatre la obra Guiris Go Home, una pieza que estará en cartel hasta este domingo y que se vale del humor para descuartizar el actual modelo turístico que padece la capital catalana. «El pasado agosto estaba aquí con el poeta argentino Esteban Feune de Colombia trabajando en mi anterior obra, El Paseo de Robert Walser, y recuerdo que me dijo que el tema de los turistas daba para una pieza teatral. Después, curiosamente, surgieron las manifestaciones de la Barceloneta, a las cuales fui, y me di cuenta de que todo lo que estaba ocurriendo había que tomárselo con humor porque era algo inevitable», cuenta el autor acerca de este proyecto que combina el teatro documental, la música en vivo -durante las representaciones se realizará «una versión trash» de La Sagrada Família de Alan Parsons Project-, la parodia, las videoproyecciones y hasta la gastronomía, ya que cada noche se cocinará una paella que podrán degustar todos los asistentes.

«Al igual que con las series, parece que estamos obligados a viajar para tener un tema de conversación. Desde hace años he dejado de ir a ciudades para un par de días porque al final acabas hecho polvo y no recuerdas prácticamente nada. Prefiero pasar temporadas en otros países -en su caso ha vivido en diversas ciudades latinoamericanas como Caracas, Buenos Aires o Bogotá- antes que visitar lugares que, por culpa del estrés, no voy a disfrutar», afirma sobre su propio ideal turístico, defendido en escena por las interpretaciones de Víctor Solé, Camille Payet, Carles Poy y Bárbara Bañuelos.

«Me molesta mucho el mensaje que desde el consistorio se quiere hacer llegar a la población de que somos los más guays y esa imagen de decorado que se ha construido alrededor de Barcelona que hace que los turistas hasta se pregunten a qué hora cierra el Barrio Gótico. Así que aparte de pasar un buen rato espero que todos los que vayan a ver Guiris Go Home reflexionen acerca de esta nueva realidad que dudo mucho que vaya a cambiar», sentencia Caellas.

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Guiris Go Home en El País

GUIRIS GO HOME A ESCENA
Por Clara Blanchar para El País

El rechazo al modelo turístico, pero también el debate sobre qué supone hacer el guiri, subirá este jueves al escenario en el Antic Teatre de Barcelona. Guiris go homees el explícito título del montaje de Marc Caellas. Un texto que a través de cuatro personajes que hablan desde dentro de un escaparate abre más interrogantes que preguntas responde, pero sacude. Porque, si cualquiera se puede identificar con las molestias que causa el turismo en Barcelona, que levante la mano quien no ha sido guiri en otra ciudad.

En el texto de Caellas no se salva ni el apuntador. Tira de humor para cargar contra “la administración al servicio de los lobbies que nos convierte a los ciudadanos en figurantes”, la industria del turismo “como monocultivo”, o las ciudades convertidas en “parques temáticos donde el espacio público está secuestrado”. Pero también tiende la mano abierta a los que hacen escapadas de dos días para hacer turismo urbano: “Estresados para verlo todo, con un billete de bajo coste que no lo es…”; o contra “el turista concienciado que se piensa que es mejor porque visita las favelas de Río, convertido en un voyeur de la pobreza”.

“Además”, apunta, “con la tecnología ni si quiera se interactúa: antes pedías que te hicieran una foto, ahora te haces un selfie, o en vez de preguntar una dirección, miras Google en el móvil”. Los protagonistas de la obra son Víctor Solé, Barbara Bañuelos, Camille Payet (que en la vida real llegó a Barcelona como turista y se quedó trabajando para los guiris) y Carles Poy, que durante la obra cocina una paella.

Caellas combina reflexiones propias con ideas de la filósofa Marina Garcés, el antropólogo Manuel Delgado, el ensayista estadounidense Hakim Bey o Duccio Canestrini, autor de No disparen contra el turista. El autor teatral sostiene que “cuando haces de turista dejas de hacer de ciudadano” y arremete contra “el absurdo en el que cae la administración para contentar a los turistas”. Ejemplo: en Barcelona se abrazan los Roller Games, pero se prohíbe patinar en según qué lugares; o no se deja tocar en las plazas por la noche, pero el Primavera Sound es lo más. “Al guiri se le trata como a una especie protegida”, critica Caellas y muestra un folleto municipal con “las absurdas normas de comportamiento que informa el Ayuntamiento, con advertencias como que no se puede mear en la calle”.

En plena precampaña electoral de las municipales, la obra que se estrena el próximo jueves llega a pedir una Renta Básica Turística para socializar los beneficios del turismo. “Es mi obra más política”, admite Caellas sacando pecho. “Este año toca hacer política y mi aportación es ésta. Todo lo que hablamos se resuelve con política, no es tan difícil, se trata de tener voluntad de hacerlo, no dar licencias, limitar la presencia de visitantes”. El autor ha vivido muchos años fuera en Latinoamérica y asegura que cada vez que ha vuelto le ha impresionado la colonización de los turistas.

¿Y qué responde Caellas a quienes defienden que el turismo es la gallina de los huevos de otro, que supone el 14% del PIB y 120.000 empleos? ¿Qué pasaría realmente si los guiris se van? “Estas cifras son mentira. ¿Para quién son los beneficios si un turista se compra un pantalón de 200 euros de una multinacional en el paseo de Gràcia? ¿Y de qué empleo estamos hablando? ¿En qué condiciones? Barcelona ha superado su aforo y tiene que limitarlo”, zanja.

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Guiris go home en Antic Teatre

En Antic Teatre
Del 5 al 8 de marzo
21 horas

Creación y dirección: Marc Caellas
Interpretación: Víctor Solé, Camille Payet, Carles Poy i Bárbara Bañuelos
Música en vivo: Bárbara Bañuelos
Espacio escénico: Marcela Caldas
Diseño gráfico e imagen: Júlia Solans

Co-producción de Abel Palacio y Jorge Peralta

Moda guiris go home

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