El estómago de los escritores – Kosmópolis 2015

(Después de la digestión)

Presentación

Hay una relación directa entre lo que se ingiere y lo que se escribe. Entre lo que se piensa y lo que entra en el cuerpo en forma de alimento, bebida, medicamento, humo y otras sustancias, volátiles o no. El creador y director de propuestas escénicas Marc Caellas y el periodista y escritor Jordi Nopca querían saber con qué tragan y no tragan los jóvenes escritores españoles, cómo mastican un concepto, cómo digieren una idea. En el reciente Kosmpolis hicieron subir a seis de ellos al mirador del CCCB y allí sucedió esto:

Crónica

«Hace varios años yo cenaba con unos amigos en un pequeño restaurante (entrada, plato del día, queso o postre); en otra mesa cenaba un filósofo que ya gozaba de una justa reputación; cenaba solo, leyendo un texto mecanografiado que seguramente era una tesis. Leía entre un plato y otro, y a menudo entre un bocado y otro, y mis amigos y yo nos preguntábamos cuál sería el efecto de esa doble actividad, cómo se mezclaban ambas, qué sabor tenían las palabras y qué sentido tenía el queso: un bocado, un concepto, un bocado, un concepto… ¿Cómo se masticaba un concepto, cómo se tragaba, cómo se digería? ¿Y cómo dar cuenta del efecto de ese doble alimento, cómo describirlo, cómo menstruarlo?»
Georges Perec

Hace unos días entraba al supermercado (morro frito, vino); en mi cabeza revoloteaba lo que me había contado Unai Velasco la noche anterior; los siete ataques epilépticos que había sufrido le habían pillado leyendo. Sí, de acuerdo, decía el joven poeta, me paso gran parte del tiempo frente a libros, pero incluso así, sin ser paranoico, me inquieta esa conexión de la lectura con la epilepsia. ¿Podrías llevar las cajas de los medicamentos que tomas vacías?, le pedí. Me gustaría tener una montaña de cajas de Depakine Chrono 500 mg en la mesa que usaremos en esta suerte de eucaristía literaria que oficiaremos en Kosmopolis. Me parece importante hacer entender al público que todas estas pastillas que tomas influyen en tu creación poética. Al igual que la Cetirizina que toma María Folguera para combatir una urticaria inesperada condiciona indefectiblemente su escritura.

Finalmente una sola caja llegó al mirador del CCCB, esa sala en las alturas desde donde los guiris parecen no existir. Quedó medio desdibujada entre tanto morro frito. Y es que, a pesar de que la idea era hablar del alimento espiritual del poeta Velasco y la dramaturga Folguera, la liturgia terminó con la comunión. No hubo ostias consagradas. María le sirvió un vaso de aguardiente a San Lázaro antes de ofrecer a los fieles yemas de Santa Teresa, como si fuera una prelada de la iglesia anglicana, la única del ámbito cristiano que admite mujeres en su sacerdocio. Mientras tanto Unai resistía la tentación de comerse él sólo toda la bandeja, como ha hecho algunas veces en la intimidad, y compartía con los asistentes el cuerpo de cerdo.

(continuación en El Estado Mental)

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Guiris go home en El Estado mental

BARCELONA, LA CIUDAD DEVORADA
‘Guiris go home’ y el extractivismo económico como modelo turístico de la capital catalana
por Silvia Cruz Lapeña para El Estado Mental

Una cola apretujada para entrar y un intenso olor a gamba chamuscada. Podría ser una escena habitual en la puerta de cualquiera de las “atracciones” que ofrece Barcelona a sus casi ocho millones de visitantes anuales. Pero es la entrada del Antic Teatre, donde se estrena Guiris go home, título de la obra en la que el director Marc Caellas observa la ciudad y su fiebre turística desde una escenografía en la que reina un señor que prepara una paella.

“¡Guiris go home!”, le espetan los actores a un grupo de extranjeros seleccionados y puestos entre el público a los que se les pregunta a qué han venido a la ciudad. “A ver a mis amigos”, dice una. “Quiero conocer el mundo”, contesta otro. “A buscar marido”, responde la última inquirida después de una diatriba en la que los intérpretes demuestran al respetable que cualquier movimiento es turismo. Si vas a un balneario, turismo termal. Si vas a beber vino, turismo enológico. Que vas a ligar, turismo sexual. Vayas donde vayas, querido visitante y también autóctono, las estadísticas, los poderes y la industria te catalogarán como turista.

Los vídeos, relatos, noticias y canciones que componen la obra resumen la situación de una ciudad que ya construye pistas con nieve artificial para que el turista tenga de todo, que cuenta con un tercer hotel cápsula y que lucha con denuedo para superar los ocho millones de turistas al año cuando en 1990 apenas recibía dos. La obra de Caellas no niega que el turismo sea una fuente de ingresos. Lo que se cuestiona es el modelo. El director es tajante: no ve beneficio en el hecho de que un turista compre ropa de lujo en una multinacional con sede en el Paseo de Gràcia. Menos aún si esa multinacional explota a sus trabajadores. Con lo que queda clara una cosa nada más empezar la obra: la culpa no es sólo del guiri.

INGRESOS, MOLESTIAS Y ALGO DE HIPOCRESÍA
Unos días antes del carnaval, saltó la noticia de que en Venecia un grupo de personas había ocupado el ayuntamiento. Eran funcionarios que se habían instalado en las dependencias del consistorio para protestar por los recortes de sus salarios y para advertir de que el ayuntamiento amenazaba con declararse en bancarrota. ¿Qué hacen con el dinero que gastan los 27 millones de turistas que nos visitan cada año?, se preguntaban los reclamantes. Pero la respuesta, por desgracia, se la tragó el carnaval.

En Barcelona, ciudad que se mira en Venecia y en otros casos de turismo masivo, muchos se hacen la misma pregunta. Según datos oficiales, el 25% de lo que genera el sector se invierte en la ciudad y en sus ciudadanos. La cuestión no es si eso es mucho o poco. La cuestión es a dónde nos lleva este modelo voraz y si merece la pena tanta molestia.

Algunas asociaciones de vecinos, como los de La Barceloneta, ya hace tiempo que protestan por el lamentable espectáculo con el que los turistas toman sus calles en cualquier época del año, pero sobre todo en verano. SOS Carrer Enric Granados surgió en agosto de 2014 en un distrito, el Eixample, que no tiene fama de ser especialmente protestón, pero los cinco hoteles y veinte bares, con sus respectivas terrazas, que hay en menos de 200 metros lineales de calle colmaron la paciencia de un barrio acostumbrado a la tranquilidad.

Enric Granados es el ejemplo de lo que sucede en Barcelona, donde el radio de acción de los turistas cada vez es más amplio. Ahora, además de Ciutat Vella, Eixample, Gràcia y Sant Martí son distritos que también sufren la “invasión.” Aunque no hay que engañarse: muchos se benefician de ella. Apartamentos turísticos ilegales, Bed&Breakfast sin licencia y otros negocios clandestinos son fuente de ingresos para algunos que se quejan de lo mal educado que es el guiri pero del que se aprovechan para hacer su pequeño negocio sin pagar impuestos. Ahora la crisis justifica esta práctica, pero lo cierto es que esto ya se hacía antes de entrar en recesión. Al turista se le critica en público, pero se le sangra en privado. Lo dicho: la culpa no es sólo del guiri.

BELLEZA VERSUS MAL GUSTO
“Barcelona ha hecho de la belleza su mejor negocio”, dice la voz en off del vídeo con el que se abre Guiris go home, un vídeo promocional de la ciudad con el que se quieren mostrar los atributos de la marca Barcelona. Quien escribió la frase debió pensar en su día que era muy resultona, pero escuchada con cierta distancia suena a anuncio de contactos. Entre las cualidades que se han destacado de la ciudad están su legado cultural, la gastronomía, cierto cosmopolitismo o la cercanía con Europa, rasgos elegidos para construir la marca Barcelona.

Del tema de la marca se han ocupado desde diversos frentes artistas, periodistas, urbanistas y pensadores. El documental Bye Bye Barcelona, de Eduardo Chirbás, es un ejemplo. La cinta retrata la degradación que ha experimentado la ciudad con la afluencia masiva de visitantes y el poco cuidado que han puesto las autoridades en evitarla. Lugares emblemáticos como la Rambla o la Sagrada Familia se han convertido en escenarios de cartón piedra donde comprar castañuelas de mentira, sombreros mexicanos o souvenirs abominables. Nada que ver con la cultura o el cosmopolitismo.

La idea del parque temático es recurrente. Como lo es la falta de respeto que muestran muchos visitantes llegados en cruceros o vuelos baratos. No hay más que echar un vistazo a Tourist Walk, el proyecto del fotoperiodista Marc Javierre-Kohan en el que da cuenta de lo que hacen muchos en Barcelona: beber hasta caer, ir de putas por la Rambla, liarla parda por las calles a cualquier hora, celebrar despedidas de soltero que duran días y pasearse desnudos como si estuvieran en el salón de su casa, entre otras cosas. Viendo esas tomas, viene a la cabeza la frase que Caellas emplea para definir el turismo: “Consiste en transportar a gente que estaría mejor en su casa a lugares que estarían mejor sin ellos”.

Decir que todos los turistas no son así sobraría, pero bueno es recordarlo para que nadie se ofenda. Algunos ni pasan del puerto en el que atracan, otros son educados y también los hay que vienen con agencias de lujo que les ahorran el mal trago de compartir espacio con tanto bárbaro, ya sea extranjero o autóctono.

Una pregunta asalta sin remedio al mirar las fotos de Javierre-Kohan o al darse una vuelta por la Rambla cualquier día de la semana: ¿es ésta la ciudad inspiradora que promociona el Ayuntamiento de Barcelona?

ABUNDANCIA A CORTO PLAZO
Precisamente esa imagen idílica de ciudad creativa, sol, playa, cultura y buena vida es la que empieza a desmoronarse. Marina Garcés, filósofa y profesora en la Universidad de Zaragoza, asegura que la capital catalana es ya el cuarto destino turístico del mundo que más defrauda a sus visitantes. “Desmarcando Barcelona” es el título de una conferencia que ofreció en 2014 en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) en la que reflexiona sobre el asunto. En su exposición, Garcés aplica el modelo que en economía se conoce como extractivista al modelo turístico de la ciudad.

Se habla de extractivismo en sociedades en desarrollo. Es un sistema colonizador que saca el máximo provecho de un territorio, que genera dependencia económica, que no piensa en las consecuencias que puede acarrear la voracidad con la que consume los recursos. Barcelona no es una ciudad en desarrollo y no son árboles ni minas lo que se desgasta, pero el paralelismo que plantea Garcés es elocuente: “La industria turística, que no el turista, no coloniza pero sí expropia la ciudad a los ciudadanos, a quienes se les arrebata su espacio de convivencia”. Además, el desarrollo que plantea no sólo es empobrecedor porque desgasta la ciudad y es cortoplacista, sino también porque corroe la democracia. “Economía y política no van separadas. Esta industria genera unos interlocutores privilegiados”, dice la filósofa, “que arrebatan a los ciudadanos la decisión sobre las cosas que atañen a su ciudad”.

La misma semana del estreno de Guiris go home, a las casas de los barceloneses censados llega una carta del ayuntamiento. Podría ser propaganda electoral pues falta poco para las municipales, pero lo que hay dentro es más irritante que una petición de voto. Lo que propone el folleto al ciudadano es que se registre como #Barcelover para, entre otras cosas, entrar al Parc Güell. Una vez registrado, con hora previa e identificación mediante podrá acceder gratis. Eso o pagar los siete euros que vale la entrada a un recinto público que regaló la familia Güell a la ciudad de Barcelona. ¿No es eso una expropiación?

Garcés no defiende que haya que resistirse y conservar a toda cosa “lo auténtico” porque, en realidad, las ciudades son resultado de mezclas y convivencias en evolución constante. Es absurdo resistirse a esa evolución, viene a decir, lo que no quiere decir que cualquier cambio valga.

PAÍSES Y CONTINENTES DEPENDIENTES DEL TURISMO
Marina Garcés y otros muchos hablan ya de “desmarcar” Barcelona y dejar de plantear el turismo como la única salida económica y de negocio que tiene la ciudad. Pero a pesar de que cada vez son más las voces críticas que se expresan en este sentido, el rumbo que marcan las instituciones locales, estatales e internacionales no tiene visos de cambiar. Mientras en España el grupo de presión Exceltur busca más y más apoyos entre los políticos para conseguir llegar a los 60,4 millones de turistas en 2015, Marino Rajoy, presidente del Gobierno español, asegura que el sector es “el mascarón de proa de la economía”. Sí, a eso se le llama fomentar la dependencia de un sector, tal como dice Garcés.

Fuera, en instancias internacionales, se jalea a la industria de manera similar y se la espolea para que vaya aún más deprisa. No hay más que hacer una batida por las declaraciones oficiales de la Organización Mundial del Turismo (OMT) para ver como urgen a África a “construir una marca fuerte para el continente” con el objetivo de pasar de los 56 millones de visitantes actuales a 132 en 2030. O cómo de los conflictos bélicos o de los ataques a la vida salvaje les preocupa sobre todo que vayan a mermar las ganas de los turistas por viajar al continente.

Este tipo de cosas son las que se desgranan, a veces con humor y otras con rabia, en Guiris go home. En la función, al menos, lo que empezó oliendo a gamba se convirtió en un rico arroz negro del que comió todo el público. En la Rambla y en tantas otras calles de Barcelona lo que se lleva el turista voraz es un sucedáneo. No sólo de la gamba, claro, también de Barcelona, una ciudad devorada en la que a sus habitantes se les obliga a conformarse con los restos.

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Guiris go home en El Mundo

GUIRIS GO HOME
Sergio del Amo para El Mundo

Barcelona se ha convertido en una idílica postal por y para turistas. Y, como es lógico, eso ha afectado directamente a buena parte de sus habitantes autóctonos, quienes han tenido que aprender a batallar y convivir con una riada incesante de visitantes que nos ven a todos nosotros como meros extras de un filme patrocinado por las compañías aéreas low cost. El documental Bye Bye Barcelona ya denunció esta situación que se vio reforzada por las diversas manifestaciones que los vecinos de la Barceloneta convocaron el pasado año para luchar contra la colonización turística. Pero hasta ahora este debate no se había trasladado a las artes escénicas.

El dramaturgo Marc Caellas estrena hoy en el Antic Teatre la obra Guiris Go Home, una pieza que estará en cartel hasta este domingo y que se vale del humor para descuartizar el actual modelo turístico que padece la capital catalana. «El pasado agosto estaba aquí con el poeta argentino Esteban Feune de Colombia trabajando en mi anterior obra, El Paseo de Robert Walser, y recuerdo que me dijo que el tema de los turistas daba para una pieza teatral. Después, curiosamente, surgieron las manifestaciones de la Barceloneta, a las cuales fui, y me di cuenta de que todo lo que estaba ocurriendo había que tomárselo con humor porque era algo inevitable», cuenta el autor acerca de este proyecto que combina el teatro documental, la música en vivo -durante las representaciones se realizará «una versión trash» de La Sagrada Família de Alan Parsons Project-, la parodia, las videoproyecciones y hasta la gastronomía, ya que cada noche se cocinará una paella que podrán degustar todos los asistentes.

«Al igual que con las series, parece que estamos obligados a viajar para tener un tema de conversación. Desde hace años he dejado de ir a ciudades para un par de días porque al final acabas hecho polvo y no recuerdas prácticamente nada. Prefiero pasar temporadas en otros países -en su caso ha vivido en diversas ciudades latinoamericanas como Caracas, Buenos Aires o Bogotá- antes que visitar lugares que, por culpa del estrés, no voy a disfrutar», afirma sobre su propio ideal turístico, defendido en escena por las interpretaciones de Víctor Solé, Camille Payet, Carles Poy y Bárbara Bañuelos.

«Me molesta mucho el mensaje que desde el consistorio se quiere hacer llegar a la población de que somos los más guays y esa imagen de decorado que se ha construido alrededor de Barcelona que hace que los turistas hasta se pregunten a qué hora cierra el Barrio Gótico. Así que aparte de pasar un buen rato espero que todos los que vayan a ver Guiris Go Home reflexionen acerca de esta nueva realidad que dudo mucho que vaya a cambiar», sentencia Caellas.

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Guiris Go Home en El País

GUIRIS GO HOME A ESCENA
Por Clara Blanchar para El País

El rechazo al modelo turístico, pero también el debate sobre qué supone hacer el guiri, subirá este jueves al escenario en el Antic Teatre de Barcelona. Guiris go homees el explícito título del montaje de Marc Caellas. Un texto que a través de cuatro personajes que hablan desde dentro de un escaparate abre más interrogantes que preguntas responde, pero sacude. Porque, si cualquiera se puede identificar con las molestias que causa el turismo en Barcelona, que levante la mano quien no ha sido guiri en otra ciudad.

En el texto de Caellas no se salva ni el apuntador. Tira de humor para cargar contra “la administración al servicio de los lobbies que nos convierte a los ciudadanos en figurantes”, la industria del turismo “como monocultivo”, o las ciudades convertidas en “parques temáticos donde el espacio público está secuestrado”. Pero también tiende la mano abierta a los que hacen escapadas de dos días para hacer turismo urbano: “Estresados para verlo todo, con un billete de bajo coste que no lo es…”; o contra “el turista concienciado que se piensa que es mejor porque visita las favelas de Río, convertido en un voyeur de la pobreza”.

“Además”, apunta, “con la tecnología ni si quiera se interactúa: antes pedías que te hicieran una foto, ahora te haces un selfie, o en vez de preguntar una dirección, miras Google en el móvil”. Los protagonistas de la obra son Víctor Solé, Barbara Bañuelos, Camille Payet (que en la vida real llegó a Barcelona como turista y se quedó trabajando para los guiris) y Carles Poy, que durante la obra cocina una paella.

Caellas combina reflexiones propias con ideas de la filósofa Marina Garcés, el antropólogo Manuel Delgado, el ensayista estadounidense Hakim Bey o Duccio Canestrini, autor de No disparen contra el turista. El autor teatral sostiene que “cuando haces de turista dejas de hacer de ciudadano” y arremete contra “el absurdo en el que cae la administración para contentar a los turistas”. Ejemplo: en Barcelona se abrazan los Roller Games, pero se prohíbe patinar en según qué lugares; o no se deja tocar en las plazas por la noche, pero el Primavera Sound es lo más. “Al guiri se le trata como a una especie protegida”, critica Caellas y muestra un folleto municipal con “las absurdas normas de comportamiento que informa el Ayuntamiento, con advertencias como que no se puede mear en la calle”.

En plena precampaña electoral de las municipales, la obra que se estrena el próximo jueves llega a pedir una Renta Básica Turística para socializar los beneficios del turismo. “Es mi obra más política”, admite Caellas sacando pecho. “Este año toca hacer política y mi aportación es ésta. Todo lo que hablamos se resuelve con política, no es tan difícil, se trata de tener voluntad de hacerlo, no dar licencias, limitar la presencia de visitantes”. El autor ha vivido muchos años fuera en Latinoamérica y asegura que cada vez que ha vuelto le ha impresionado la colonización de los turistas.

¿Y qué responde Caellas a quienes defienden que el turismo es la gallina de los huevos de otro, que supone el 14% del PIB y 120.000 empleos? ¿Qué pasaría realmente si los guiris se van? “Estas cifras son mentira. ¿Para quién son los beneficios si un turista se compra un pantalón de 200 euros de una multinacional en el paseo de Gràcia? ¿Y de qué empleo estamos hablando? ¿En qué condiciones? Barcelona ha superado su aforo y tiene que limitarlo”, zanja.

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Guiris go home en Antic Teatre

En Antic Teatre
Del 5 al 8 de marzo
21 horas

Creación y dirección: Marc Caellas
Interpretación: Víctor Solé, Camille Payet, Carles Poy i Bárbara Bañuelos
Música en vivo: Bárbara Bañuelos
Espacio escénico: Marcela Caldas
Diseño gráfico e imagen: Júlia Solans

Co-producción de Abel Palacio y Jorge Peralta

Moda guiris go home

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Cuerpo Serrano, una intervención escénica.

Febrer 2015

Cuerpo Serrano és una intervenció escènica per l’espai nyamnyam que parteix de la cultura del porc, les llegendes i mites que s’hi relacionen, les dites populars o les fantasies que genera. Es sol dir que del porc s’aprofita tot. Podem donar-hi la volta al concepte, com si féssim un rostit, i assegurar que el porc pot servir per a tot. Pot donar nom a una cervesa, la porca, pot inspirar a una artista nord-americana a dormir nua en unes porqueres, un projecte per Art-Bassel, pot fins i tot fer que uns empresaris de Cardona triomfin venent-ne el semen. Si en Dostoyevski va escriure que si Déu no existeix tot és possible, nosaltres afirmem que si Cristòfor Colom és català qualsevol dada històrica pot ser posada en solfa. Qui podria negar que la revolta dels remences no té una relació directa amb un sopar eròtic clandestí? Qui podria discutir a en Vázquez Montalbán que les faves a la catalana són afrodisíaques?

Cuerpo Serrano compta amb la presència de la performer Paola Milovic Fabregat que gestiona la plataforma Glü Wür.

El projecte es desenvoluparà a l’espai nyamnyam el dijous 5/ dijous 12/ dijous 19 de 14h a 15h i dijous 26 a les 20:30h.

Aquest primer dijous 5, es presentarà el segon volum del projecte editorial amb l’artista i comissaria Anna Dot i en col.laboració amb Adicciones Porquesí i l’Impremta Daví. S’anomena “Mentrestant allà. Volum 2: Febrer (Presto / III – Poco Allegretto)”. S’entregará com a part de la primera intervenció d’en Marc Caellas.

Glü Wür: la plataforma que gestiona la Artista Paola Milovic Fabregat, en donde muestra el fruto de sus variadas investigaciones creativas, que abarcan campos tan dispares como la Gemología, Joyería, Circo y Performances. En Cuerpo Serrano, además de rastrear los hipotéticos orígenes medievales y catalanes del Nyotaimori, la artista las relaciona con las técnicas del Shibari, antiguo arte japonés de atar al estilo Bondage, realizados como estética erótica. Web site

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Guiris go home, teatro con paella

Un texto de Carles Cols para El Periódico

El turismo es la industria que consiste en transportar gente que estaría mejor en su casa a lugares que estarían mejor sin ellos. Marc Caellas, intermitente ciudadano de Barcelona (Caracas y Buenos Aires han sido también su hogar), echó mano de esa anónima sentencia, que en internet, la pobre sin padre, va de blog en blog, para promocionar en Verkami, plataforma de micromecenazgo artístico, la obra de teatro que quiere llevar a escena, Guiris go home, un título inequívoco, desde luego, y ha logrado lo que quería, pues necesitaba recaudar 4.000 euros y ya los tiene. Así que del 5 al 8 de marzo se representará en el Antic Teatre una obra que lo extraño es que no hubiera llegado antes a escena, de la mano de quien fuera, ya que la conversión de Barcelona en una marca, eso dicen que es ahora, es algo que merece protestas en la calle (la Barceloneta desbrozó esa senda), un documental (lo hay), debates académicos (pocos todavía, pero se han llevado a cabo, con mención especial para el protagonizado por Marina Garcés), pero no tenía aún una representación dramática en directo y con público.

Un divertido anticipo de lo que se prepara para marzo en escena ya lo experimentó a finales del 2014, casi por accidente, el propio Caellas. Fue también en el Antic Teatre. Él era uno de los artistas invitados en una suerte de sesión continua teatral en la que varios actores y conferenciantes, uno tras otro, construían un relato con el coche como eje argumental común. Caellas se presentó allí a bordo de un Go Car (ya saben, ese auto loco alimonado que se alquila a los turistas y que le da a la ciudad un aire de Bangkok con sus tuktuks) y pretendió meterlo dentro de la sala. Resulta que el artefacto no pasaba por la puerta y hubo que improvisar, así que público y actor se fueron a dar una vuelta por las calles cercanas, a bocinazos y en contradirección. Lo elegante es decir que fue una performance, pero también le encajaba a la cosa decir que fue una gamberrada. De repente se toparon con una patrulla de la Guardia Urbana que, ¡oh, sorpresa!, gentilmente se apartó y les dejó seguir. Aquello fue una revelación, un eureka intelectual. «En esta ciudad vas montado en un Go Car o en cualquier otro disparate para turistas y tienes pasaporte diplomático», descubrió aquella noche Caellas.
Teatro y francachela

De Guiris go home prefiere no dar demasiadas pistas. Solo un par. La primera es un aliciente. Los actores cocinaran en escena una paella. De acuerdo, eso ya lo hizo Albert Boadella en La increíble historia del Dr. Floit & Mr. Pla (y, por cierto, ya tarda el Canal 33 en programar un sábado por la noche, Ubú president, obra del mismo joglar, porque fue casandrescamente profética y merecería ser revisitada), pero aquel arroz después no se lo jamaba el público, y ahora será así. Buen provecho. Lo segundo no es un aliciente, es una propuesta que de un modo u otro pondrá sobre la mesa Guiris go home y que, quién sabe, hasta puede que algún candidato a alcalde la meta en su programa electoral. Total, cosas más imposibles se han prometido. «Creo que el dinero de la tasa turística habría que repartirlo equitativamente entre los vecinos de las zonas que más padecen el turismo, algo así como una renta mínima turística. Calculo que saldrían a 500 euros por cabeza». No debería ser la versión catalana del PER andaluz. Al contrario. Ese sueldo permitiría reclamar a los vecinos de Ciutat Vella, Sagrada Família y de otras zonas cero de la ciudad que representen mejor su papel de figurantes del parque temático en el que viven, que cuando Construmat abra sus puertas vayan con un nivelador bajo el brazo, que durante el Mobile World Congress whatssapeen como adolescentes en la edad del pavo y que durante la Gay Pride, ¡ay!, exploren las tierras ignotas de su propia concupiscencia.

Ante discursos así, provocadores, lo común es responder que la industria turística es un regalo para esta ciudad, una bendición, que hay que dar gracias y, como decía José Luis López Vázquez en Atraco a las 3, saludar al visitante con un «Fernando Galindo, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo...».

Caellas no lo hará. Forma parte de esa milicia ciudadana (creciente, parece) que la ha tomado con el turismo. Qué se le va a hacer. «La vida no tiene sentido si no tienes una obsesión», dijo John Waters.

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Teatro del Bueno

Fiesta de presentación de los dos nuevos libros de Teatron.Tinta #3 & #4

Amigos de Teatron, amantes de los libros, tenemos el placer de anunciaros que nuestro proyecto editorial Teatron.Tinta sigue adelante con la inminente publicación de dos nuevos títulos:

Teatron.Tinta #3
Teatro del bueno de Marc Caellas

Teatron.Tinta #4
La chica de la agencia de viajes nos dijo que había piscina en el apartamento de Pablo Gisbert para El conde de Torrefiel

Y para celebrarlo os invitamos a una fiesta el próximo viernes 23 de enero a partir de las 18h y hasta la 1 de la madrugada en La Poderosa (carrer Riereta 18 2on, en el Raval, en Barcelona).

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Guiris Go Home (work in progress)

Alguien dijo que “el turismo es la industria que consiste en transportar a gente que estaría mejor en su casa a sitios que estarían mejor sin ellos”.
El problema es que todos contribuimos a esa industria. Todos nos estamos volviendo demasiado guiris en nuestras vidas. No sabemos quedarnos quietos en ningún lugar. Llegamos, desordenamos la vida de otros y nos largamos. Somos turistas emocionales consumiendo experiencias, agotándolas.

Ya lo dijo Pascal que todas las desdichas del hombre derivan del hecho de que no es capaz de estar sentado tranquilamente, solo, en una habitación.
Ya lo escribió Etienne Bonnot de Condillac que por más alto que subamos y más bajo que descendamos, nunca salimos de nuestras sensaciones.

Tras El Paseo de Robert Walser, una obra de teatro a pie que sigue circulando por distintas ciudades, Guiris Go Home es la nueva creación escénica de Marc Caellas y Esteban Feune de Colombi (Compañía La Soledad) con el turismo como leitmotiv.
Música en vivo, artes plásticas y nuevas dramaturgias en un montaje inspirado en el parque temático de Barcelona y dedicado a todos los ciudadanos condenados a ser extras sin sueldo de este sainete interminable.

Si quieres apoyar el proyecto, dale un vistazo a este crowfunding

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Emisiones Cacatúa – Sin Comentarios

Una imagen de Esteban Feune de Colombi

Rubén Ramos Nogueira conversa con Marc Caellas sobre su adaptación de El Paseo de Robert Walser, junto a Esteban Feune de Colombi, y su libro Carcelona, entre otros temas.

Programa de radio emitido en TVtron el 10 de septiembre de 2014.

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