Emisiones Cacatúa – Sin Comentarios

Una imagen de Esteban Feune de Colombi

Rubén Ramos Nogueira conversa con Marc Caellas sobre su adaptación de El Paseo de Robert Walser, junto a Esteban Feune de Colombi, y su libro Carcelona, entre otros temas.

Programa de radio emitido en TVtron el 10 de septiembre de 2014.

Publicado en Teatro | Deja un comentario

Cuando Robert Walser se encontró con Enrique Vila-Matas

Rubén Ramos escribió para Teatron esta magnífica crónica de uno de los paseos que hicimos en Poble Nou.

Copio un fragmento:

(…) Por lo visto, este tipo que consigue hacerte creer que estás con el mismísimo Robert Walser es Esteban Feune de Colombi, un argentino de origen suizo conchabado con Marc Caellas para llevar El paseo a las calles de barrios de Buenos Aires, Bogotá, Madrid (en Usera, sí, sí, en el, ejem, sólo-se-oyen-cosas-buenas-de-él Fringe, en donde contó con la colaboración de Bárbara Bañuelos) o Barcelona, en donde, además de los ya nombrados, disfrutamos de una genial interpretación de Carolina Torres Topaga, tan buena que quienes no la conocían creyeron que se trataba realmente de alguien que pasaba por allí. Esa es una de las gracias de llevar esto a la calle. Por una parte parece lógica pura que algo que se llama El paseo, y que relata un paseo, se muestre paseando. Por otra parte eso hace que cada vez sea diferente, que se confunda constantemente la realidad con la ficción y que entremos todos en un estado sumamente intrigante tanto para los paseantes conscientes como para los propios habitantes de esos lugares que van siendo enmarcados para nuestra contemplación y que nos miran extrañados en cuanto notan que algo se está saliendo del guión porque, simplemente, un grupo de paseantes observan lo que pasa a su alrededor. Una contemplación de la vida misma, en algunos casos, sin más (porque no es necesario más) y, en otros, aderezados por el magnífico texto de Robert Walser, interpretado tan admirablemente por Esteban Feune de Colombi que hace que te olvides de tus prejuicios sobre el mal llamado teatro de texto. Es todo una cuestión de estilo. Seamos sinceros y malos: en otras manos ¿cómo hubiese acabado todo esto? Me da repelús imaginármelo. Y en cambio, qué maravilla volver a casa y encontrarse con la guinda de ese mail firmado por ese entrañable tipo del sombrero. (…)

Publicado en Crónicas, Teatro | Deja un comentario

El Paseo de Robert Walser en El País

Foto de Elisa Abión para Fringe Madrid 2014

Usera con los ojos de Robert Walser
Javier Vallejo en El País

Robert Walser tiene las manos frías, como si las hubiera puesto entre el hielo de la pescadería del mercado de Usera, a cuya entrada nos citamos. Estrecha las nuestras sin prisa y señala la copa de un olmo siberiano, donde canta estrepitosamente la chicharra. “Declaro que una hermosa mañana, como me vino en gana dar un paseo, me planté el sombrero, abandoné el cuarto de los escritos y bajé la escalera para salir a buen paso a la calle”, nos dice, dando vida al comienzo de su libro El paseo. Viste traje y se apoya en un paraguas. Le llaman la atención un sargento boliviano, un perro, que se esconde de él bajo el banco; el pan y quesillo tardío de la calle de Sanchis Banús, por donde echamos a andar entre viviendas sociales coquetas pero minúsculas, y, entre el verdor de las robinias, el resplandor amarillo de un buzón.

Un vecino nos avisa de los relojes de sol que jalonan los pasajes peatonales de la colonia del General Moscardó. Una joven —la actriz Bárbara Bañuelos— canta mientras se peina en una terracita de una casa de dos alturas de la calle de Media, sin tráfico ni peatones: sale a escucharla una familia inmigrante. Cuando acaba, Walser elogia su talento. “La sanidad ni se compra ni se vende”, reza una pancarta en la terraza contigua. La herrumbrosa instalación de objetos de forja dispuesta por el chatarrero de la calle de Mercedes Manjón, podría exponerse en ARCO con tan solo ponerle firma.

Durante su invectiva contra el tráfico rodado, agachado a la altura de las ruedas de los coches que recorren Marcelo Usera, el autor suizo consigue que los automovilistas se giren sorprendidos. En la plaza de Julián Marías, se come la galletita que le ofrece un niño chino, que a cambio le pide su sombrero. Al ponérselo, los pantalones se le caen hasta los tobillos de golpe. Ante un solar donde crecen los ailantos, Walser (1878-1956) vuelve a tomar la palabra: “¿Por qué no dejar que lo pasado se pudra y se hunda? ¿No son las ruinas mejor que los recuerdos?”.

Caminar con Robert Walser redivivo es todavía mejor que leerle, pues los sucesos que se producen durante el recorrido son tan sugestivos como sus apreciaciones. Al paso del escritor por la caja de un supermercado chino, una clienta aparta a su bebé, instintivamente. Cuando anota la matrícula de un coche que acaba de ser mal estacionado, su conductora, una joven gitana, lo insulta y vuelve a arrancar el motor.

También los participantes nos animamos a intervenir de cuando en cuando durante esta excursión teatralizada en la que Walser, Esteban Feune de Colombi (su intérprete) y el director Marc Caellas nos inducen a observar los acontecimientos con ingenuidad y a darles la vuelta con alegría y espíritu crítico.

EL PASEO DE ROBERT WALSER. A partir de textos de Walser. Intérpretes: Esteban Feune de Colombi y Bárbara Bañuelos. Director: Marc Caellas. Espectáculo itinerante por el distrito de Usera.
Hasta el 26 de julio.

Publicado en Teatro | Deja un comentario

El Paseo de Robert Walser en #Fringe14

EL PASEO DE ROBERT WALSER
En Fringe Madrid.

Se trata de una obra de teatro a pie en el que un grupo de diez espectadores pasean junto a Robert Walser, quien, a medida que avanza la caminata, declama fragmentos de la novelita El paseo y se encuentra, de manera prevista o imprevista, con un librero, una celebrada actriz, un sorprendido banquero o una cantante en un barrio en que todos los vecinos parecen –o son– cómplices de la propuesta.

Presentada por Esteban Feune de Colombi

Una obra de teatro distinta.
por Karina Sainz Borgo

El escritor suizo Robert Walser era un paseante, acaso el fantasma literario predilecto de muchos lectores y escritores -Calasso, Coetzee, Vila-Matas, este último walseriano a más no poder-. Su vida y su obra están dotadas de una cierta fugacidad, una vocación de transparencia y evaporación, ejecutada con letra febril y apretada caligrafía de la que quedan libros como Escrito a lápiz. En su afán de no desear nada y simplemente desaparecer, ingresó voluntariamente en el sanatorio de Herisau (Suiza), aunque nadie sabe acertar si sufría una severa depresión o sólo quería apartarse del mundo y dedicarse a narrar lo mínimo, esa naturaleza que no necesita hacerse importante, porque “lo es”.

Murió el día de navidad mientras daba uno de sus largos paseos por la nieve. Se dice que lo consiguió un grupo de niños, yacía tendido, con la mano en el corazón. El escritor y editor Carl Seeling lo visitaba con regularidad, y algunos domingos emprendían caminatas por Appenzell, un paisaje de colinas por el que solían perderse ambos en largas y contemplativas caminatas, muchas de ellas contadas por Seeling en el libro Paseos con Robert Walser (Siruela, 2000).

Inspirándose en esa figura del que camina sin un rumbo fijo, el director de teatro Marc Caellas regresa con una obra en la que el personaje principal es Robert Walser, al que le saca el jugo más irónico. Caellas hace pasear a Walser… eso sí, en verano y por Usera. Dueño de un teatro original, inesperado, inteligente y culto, además de muy literario –sus obras anteriores han adaptado libros de David Foster Wallace o Roberto Bolaño-, Marc Caellas ejecuta una vez más ese formato a mitad de camino entre el performance y la puesta en escena.

Definida como una obra de teatro a pie, un grupo de diez espectadores pasean junto a Robert Walser, quien, a medida que avanza la caminata, declama fragmentos de la novela El paseo. Mientras eso ocurre, Walser –y sus paseantes- se encuentra, de manera prevista o imprevista, con un librero, una celebrada actriz, un sorprendido banquero o una cantante en un barrio en que todos los vecinos parecen –o son– cómplices de la propuesta.La obra se presenta en ocasión del Festival Fringe de teatro, en Madrid. Sólo habrá cinco presentaciones los días 22, 23, 24, 25 y 26 de julio, a las 19:30 horas, en el metro Usera.

Justamente sobre este tema hemos conversado con Caellas quien ha desarrollado su trabajo como director teatral entre Barcelona y Buenos Aires, además de otras ciudades de América Latina, entre ellas Caracas o Bogotá. Caellas es además escritor. En 2011 publicó Carcelona (Melusina) una ácida crónica de la Barcelona cultural y política en la que el autor nació y creció.

Publicado en Teatro | Deja un comentario

CUENTO MI VIDA (reseña en la Folha de Sao Paulo)

Rolê por Bogotá

Por Sylvia Colombo
(publicado en la Folha de Sao Paulo)

As grandes cidades latino-americanas estão explodindo, de quantidade de gente, de carros, de linhas de ônibus e projetos urbanísticos que, mesmo bem intencionados, não dão conta do fluxo. O resultado são metrópoles atravancadas, onde encontrar alguém significa transpor obstáculos e gastar muito tempo. O que dirá conhecê-las e ouvir suas histórias. Com 8 milhões de habitantes e principal cidade de um país que cresce a olhos vistos mas carrega grandes feridas, Bogotá não é diferente. O que se esconde por trás dos milhares de rostos com os quais uma pessoa cruza por suas grandes avenidas e ruas que sobem os Andes em zigue-zague da capital colombiana? Foi a pergunta que o diretor catalão Marc Caellas fez para montar seu mais novo espetáculo de teatro site-specific, “Cuento Mi Vida”, em cartaz por esses dias aqui.

Conheci Caellas há alguns anos, em São Paulo, quando levou um projeto de adaptar um texto do chileno Roberto Bolaño em uma performance na Balada Literária. Depois, vi um par de espetáculos seus em Buenos Aires, adaptando um texto do norte-americano David Foster Wallace à biblioteca conde Jorge Luis Borges trabalhava, e depois à livraria Clasica y Moderna, no centro da cidade.

Agora, o catalão radicado na capital colombiana usa uma história local, a de uma artista colombiana cuja história trágica atravessa cidades do país, um exílio nos EUA, o envolvimento com o tráfico de drogas, o submundo bogotano, o romance com um poeta desalinhado, a morte. Para seguirmos sua história, embarcamos todos numa van em horário determinado pelo diretor, e começamos um tour por Bogotá através dos pontos mais marcantes da trajetória da personagem. Vamos a um parque nas alturas do cerro, em La Macarena, a um bordel do centro, a um bar de tango barato apinhado de fotos de Gardel.

Caellas, que se diz inspirado em Bogotá por “estar mais perto das estrelas”, na cidade a 2.600m do nível do mar, conta que com “Cuento Mi Vida” quer explorar o potencial documental do teatro: “diferentemente do cinema e da literatura, onde o documental, a não-ficção, a crônica têm cada vez mais leitores, o teatro ainda não desenvolveu muito o tema de trabalhar a partir do real”.

“Cuento Mi Vida” estreou ao mesmo tempo em que a cidade vive a agitação da Feira Internacional do Livro de Bogotá. Não por casualidade, contrapõe-se ao solene e convencional formato das estratégias do mercado editorial: palestras, leituras, mesas de discussão reunindo vários escritores, além da inevitável imagem de feirão de livros, que lota nos dias de visita, mas que dificilmente criam realmente novos leitores. “Eu tento sempre fazer-me perguntas sobre como tornar mais atrativos os eventos ao vivo, sejam obras de teatro, apresentações literárias ou conferências. Creio que os gestores culturais deveriam pensar mais no público do que nos nomes ao realizar eventos.”

Publicado en Teatro | Etiquetado , , | Deja un comentario

Cuento mi vida

Una obra de teatro documental y/o site-specific por distintos lugares en Bogotá.

Una propuesta escénica de Esteban Feune de Colombi y Marc Caellas
Presentada por Veronica Ochoa Sanchez y Chris Kavanagh

“Toda vida es la historia de un hundimiento. Si las biografías son tan cautivadoras, es porque los héroes, al igual que los cobardes, se fatigan innovando en el arte de besar el suelo.”
E.M. Cioran

“Lo primero que hice, nada más acostarme con Ava Gardner, fue vestirme y salir corriendo a contarlo”
Luis Miguel Dominguín

“Cuando estás en medio de una historia, no es una historia en absoluto, sino sólo una confusión, un rugido oscuro, una ceguera, los restos de cristal destruido y madera astillada. Como un casa en un torbellino, si no un bote aplastado por los icebergs, o arrastrado en los rápidos, y todos a bordo son incapaces de detenerlo. Es sólo después que se convierte en algo parecido a una historia, cuando te la cuentas a ti mismo, o a alguien más.”
Margaret Atwood

3 únicas presentaciones, 30 de abril / 2-3 de mayo.

La mecánica es la siguiente: se cita a un grupo de espectadores en una esquina de la ciudad. Ahí se suben a una furgoneta y al rato recogen al protagonista, con quien nos trasladamos a 4 lugares emblemáticos de su biografía en la ciudad (un motel del centro, una facultad universitaria, un parque, una iglesia, etc.) donde nos detenemos, bajamos del auto, y escuchamos como esa persona nos narra momentos importantes de su vida.

En cada lugar buscamos una manera distinta de narrar, de alguna manera “teatralizamos” esa vivencia y el lugar se convierte en escenario de ese momento, de ese recuerdo.

Chris Kavanagh cuenta su vida a las 3 pm
Verónica Ochoa cuenta su vida a las 5 pm

Sólo 10 espectadores por función.
Traslado en furgoneta a los lugares donde sucede la obra.

Es requisito para asistir como espectador enviar un correo electrónico a mcaellas@gmail.com.
Una vez reservado el cupo se informa del punto de salida (una esquina del Parkway).

Publicado en Teatro | Deja un comentario

Director de teatro y habitante de Bogotá


BOGOTÁ
Texto para Galera Intelectual y frívola

En Bogotá ya viví en los barrios La Macarena, La Soledad, Chapinero, Quinta Camacho, Los Rosales, cada uno con su personalidad: almorzaderos, árboles centenarios, grafitis y pasea perros.
En Bogotá monté una obra de teatro a pie, otra en una librería, otra en una galería de arte, otra en unos sótanos semiabandonados y ahora trabajo en una que quiero suceda en diversos tipos de automóviles. Bogotá, a 2600 metros más cerca de las estrellas, me inspira.
En Bogotá hice el amor en un baño con vistas a la torre Colpatria, me sumergí en un trío con dos mujeres, pero también lloré por un amor terminado y me echaron de casa a golpes sin tiempo a explicarme.
En Bogotá padecí un paseo millonario en un taxi, un asalto con puñal en un pasaje y un robo semi invisible en Transmilenio, el sistema de transporte público urbano que intenta suplir la falta de metro sin demasiado éxito.
En Bogotá siempre es otoño aunque para los locales es verano cuando hace sol e invierno cuando llueve. La temperatura siempre oscila entre los 8 y los 20 grados. Todo el año.
En Bogotá, y por una vez tienen razón los eslóganes, el riesgo es que quieras quedarte.

Publicado en Crónicas | Deja un comentario

Crónica del Hay Festival Cartagena a base de aforismos

El día antes de volar a Cartagena me llevo prestado de la casa de una amiga actriz en Bogotá un libro de E.M. Cioran: Ese maldito yo. Empiezo a leerlo en el avión y se me ocurre que sus aforismos pueden ser una referencia para contar algunos momentos de un Hay Festival en el que ejerzo de cronista low-cost.

“Pobre del escritor que no cultive su megalomanía, que la vea menguar sin reaccionar. Pronto se dará cuenta de que uno no se vuelve normal impunemente.”

Sospecho que nunca antes sucedió. Vivimos en una época en la que los escritores viajan más que sus libros. Algunos escritores tienen más espectadores que lectores. Lo mínimo que podrían hacer entonces es desarrollar algún tipo de habilidad escénica. Pero no. Apenas se les pide que conversen informalmente con un interlocutor que a menudo ni se leyó los libros de su entrevistado. En este Hay Festival, además, se da la circunstancia de que fueron invitados varios autores ingleses que ni siquiera tienen un libro traducido al castellano. Es posible que nadie de la sala haya leído nada de David Szalay o de Sunjeev Sahote ¿Por qué vinieron a escucharles? ¿Cuál es el encanto de escuchar a un escritor al que no has leído?

“Hay algo de charlatán en todo aquel que triunfa, sea en la materia que sea.”

Un teatro lleno recibe a Felipe González, ex presidente español. Felipe triunfó primero en política, luego en el diseño de joyas y ahora pretende labrarse una carrera en el mundo editorial. Ha publicado un libro sobre el liderazgo en el siglo XXI. Siempre desconfío de las charlas sobre liderazgo, las impartan Ferran Adrià, Pep Guardiola o el propio Felipe. Sobre todo porque ellos nunca asistieron a ninguna charla antes de convertirse en líderes. Quizás por eso lograron serlo. Me irrita un poco el prestigio de estadista de González en Latinoamérica. No creo que nadie en Europa le invitara a ningún festival cultural.

“Las religiones, al igual que las ideologías, que han heredado sus vicios, no son en el fondo más que cruzadas contra el humor.”

Llego tarde a la charla de Yoani Sánchez. Antes de entrar reparo en las veinte personas que protestan contra la bloguera cubana. La llaman agente de la CIA. Gritan consignas a favor del régimen cubano. Es la única protesta en todo el festival. Curioso que sea contra una periodista que logró notoriedad escribiendo un blog en el país con el índice más bajo de conectividad a internet. Sólo por eso merece un respeto. Ahora prepara un nuevo medio digital. Quiere pasar de un proyecto individual a uno colectivo. Sin necesidad del papel. Para que no pase como en Venezuela. Y es que en Cuba, nos cuenta Yoani, las imprentas están más protegidas que los cuarteles.

“Las hazañas sólo son posibles en las épocas en que la auto-ironía no ha hecho aún estragos.”

Quedo perplejo ante la pasividad de Antonio Caballero frente a Enrique Santos. Toda la lucidez, mordacidad, crítica que despliega en sus artículos se evapora ante su amigo de juventud, el hermano del actual presidente de Colombia. Si tal como menciona en su columna en Semana, le molesta que el Hay sea un festival para ricos, ¿por qué aceptó participar? En uno de los pocos momentos interesantes afirma que, siendo un privilegiado, tiene dos opciones: aprovecharse de los privilegios para aumentarlos o escribir luchando contra ellos ¿Por qué no aprovecha este foro, sobre periodismo y política, para decirle a su contertulio lo que piensa sinceramente del medio en el que Santos ha sido columnista y director tantos años? Los insatisfechos aquí no son los que se quedaron sin boleta, sino los que perdimos una hora en una charla insulsa y prescindible.

“Lo esencial surge con frecuencia al final de las conversaciones. Las grandes verdades se dicen en los vestíbulos.”

Coincidir con el escritor brasileño Marçal Aquino y el periodista Alfonso Borges en la Esquina del Habano, y pasarse la tarde conversando de literatura, mujeres y fútbol. Almorzar en La Mulata con el rentista irlandés Ian, quién escribe un libro sobre el disfraz, ambientado en el Carnaval de Barranquilla. Beber unos tragos con una canadiense empleada en una empresa que construye una refinería a las afueras de Cartagena. Reencontrarse con la editora chilena Andrea Palet mientras esperamos nuestro vuelo de regreso a Bogotá. Momentos más auténticos que cualquiera de los eventos oficiales.

“Si la amistad es interesante es porque resulta, casi tanto como el amor, una fuente inagotable de desengaños y de rabias, y por ello de sorpresas fecundas de las que no sería razonable desear abstenerse.”

Me cuentan que una bogotana que solía considerar mi amiga ahora habla mal de mí. Luego me entero que su adaptación a la vida cartagenera no es fácil. Sale con un tipo con dinero, pero tiene que aguantar comentarios de la suegra del tipo: “ah, ¿cobraste?, muy bien, ahora tendrás platita para hacer mercado”. Sus amigas no entienden cómo lo soporta. Yo sí.

“No habría que escribir nunca sobre nadie. Tan convencido estoy sobre ello que cada vez que no tengo más remedio que hacerlo, mi primer pensamiento es atacar, incluso si lo admiro, a aquel de quien debo hablar.”

Una repentina enfermedad de su hijo mayor hace que Emanuelle Carrère tenga que regresar urgentemente a París, dejándonos con la miel en los labios. Esperaba con ganas escuchar los argumentos de un escritor que logró escribir buenos libros (¡que no novelas!) partiendo de la vida de personajes fascinantes, como el asesino francés Jean-Claude Romand o el poeta y activista ruso Eduard Limónov. Hubiera sido ideal confrontarlo con Alberto Salcedo Ramos, magnífico escritor con un aproximamiento a las personas que inspiran sus crónicas radicalmente distinto al de Carrère. Por desgracia, esta vez a Salcedo le toca soportar los chistes de Juancho Armas Marcelo, escritor canario que aún cree, en pleno siglo XXI, que un cronista, en realidad, lo que quiere, para ser feliz y sentirse realizado, es publicar una novela.

“El exceso de deliberación perjudica a todos los actos. Disertar demasiado sobre la sexualidad equivale a sabotearla. El erotismo, plaga de las sociedades crepusculares, es un atentado contra el instinto, es la impotencia organizada. No se reflexiona sin riesgo sobre las proezas que no necesitan la mínima reflexión. El orgasmo jamás ha sido un acontecimiento filosófico.”

La siesta es posiblemente la mejor hora para retozar en una cama bien acompañado. Me sorprende que tú, Pere Estupinyà, presentado en el programa como químico y divulgador científico, y escritor de La ciencia del sexo, no estés de acuerdo y aceptes impartir tu charla a esta hora intempestiva. No te lo perdono ¿El nuevo Dr. Masters es catalán? Me asaltan las dudas después de escucharte decir que no vas a contarnos lo que de verdad pasó en el club de swingers al que fuiste a “investigar” ¿Por qué te proteges con esta jerga pseudocientífica? No seas así. ¡Cuéntanos algo que hayas sentido en la piel, Pere! Deberías leer las crónicas gonzo de Gabriela Wiener, donde quedan fuera los pudores y las represiones. Cuando para justificar que has “demostrado” que el sexo es irracional, ¿acaso no lo sabíamos?, pones como ejemplo las dudas que te entrarían a la hora de acostarte con una mujer atractiva que te confesara haber estado con hombre antes sin usar preservativo, pienso en la doctora Johnsons, en Lizzy Kaplan, en Anne Sexton y viajo muy lejos del Hotel Santa Clara.

“Todo el mundo me exaspera. Pero me gusta reír. Y no puedo reír solo.”

Cada noche es fiesta en el Hay Festival. Se sabe, los escritores no duermen bien sin unos tragos encima. La fiesta de la FNPI: buena comida árabe, buena música, pocos y malos tragos. La fiesta de Arcadia: llegada en carroza y Chivas 12 años a discreción. La fiesta de Margarita Valencia: agradables mojitos al lado de la piscina. Muchas risas. Poca diversión.

“Leer es dejar a otros padecer por nosotros. La forma más delicada de explotación.”

El formato de conferencia está caduco. Está más que probado que es ineficiente como método de discusión del pensamiento y, como mucho, podemos concederle que es una manera como cualquier otra de transmitir información. Las limitaciones del género se ponen aún más en evidencia cuando el conferenciante lee. El desarrollo de las ideas es lento y el lenguaje excesivamente formal. Es el caso de Ricardo Piglia ¿No sería maravilloso que las conferencias se convirtieran en piezas de teatro? ¿Por qué no existen dramaturgos especializados en conferencias literarias? Desde ya ofrezco mis servicios.

“Cada acontecimiento sólo es un mal augurio más. De vez en cuando, sin embargo, una excepción que el cronista exagera para crear la ilusión de lo inesperado.”

Publicado en Crónicas, textos | Deja un comentario

Notas de Cocina, una reseña

NOTAS DE COCINA: UN ESPEJO PROVOCADOR E INCISIVO
Publicado por Mauricio Arévalo en Revista Artificio

Hay muchos tipos de risa, y esos tipos de risa dependen de qué la motive y de quién la interprete. Hay risas inocentes, sarcásticas, morbosas, crueles, incómodas, hipócritas y nerviosas. Ahí habita el arte de la comedia, en entender que la risa no es única y que es un reflejo que responde de maneras distintas a diferentes estímulos. Hay risas que se olvidan, que son de un momento; estas risas, normalmente, reaccionan a chistes fáciles que no exigen mucho de la persona que los escucha. Es esa risa del humor infantil, la que se despierta con lo escatológico, lo físico, lo morboso, lo explícitamente gracioso. Hay otras risas, en cambio, que se despiertan por una relación de complicidad entre quien hace el chiste y quien lo escucha: esa que obliga a este último a esforzarse para entender lo gracioso porque se esconde, se disfraza; la gracia subyace en la broma, lo que le exige al espectador que la procese, la trabaje, la (re)construya. Este tipo de humor es el más difícil de lograr: requiere una profunda conexión con el público al que se dirige, y una confianza arriesgada también puesto que es una clase de humor que no se puede permitir subestimar a aquéllos que lo consumen. Supongo que ésa es la diferencia entre el humor fácil y el inteligente y la razón por la que me disgustan los chistes tipo “Sábados felices”: la gracia de este último tipo de risa – la del humor inteligente – es, precisamente, que el espectador termine de construir el sentido del chiste, que entienda esa relación de complicidad y que devele los sentidos ocultos, disfrazados, por los cuales se está riendo.

Esta risa cómplice es muy común en el humor negro, ése que se burla de las situaciones que deberían despertar sentimientos más ‘nobles’ que la risa, ése que rescata la idea original de la sátira porque incomoda, ése que, justamente porque incomoda, termina cuestionando, criticando y mostrando verdades que en otros contextos más “serios” no se pueden mostrar. Ése que resulta, en últimas, desafiante.

Notas de cocina, el montaje más reciente del director Marc Caellas basado en un texto del argentino Rodrigo García, despierta este tipo de risa cruel que termina siendo un placer casi culposo. El montaje es un viaje por escenas a través de la Fundación Teatro Odeón, un bellísimo edificio en el centro de la ciudad, al frente de la Jiménez, que adquiere protagonismo justamente gracias a ese recorrido. El público acompaña a los tres actores (más bien presentadores) por las distintas salas del sótano que dejan descubrir en el Odeón un lugar perfecto para entender el centro histórico de Bogotá; un espacio que se convierte en una muestra fractal de lo que es la Candelaria: misterioso, en un limbo entre el pasado y el presente, con un tufillo histórico en el que se respira la cultura y una apariencia bohemia, atractiva y hasta seductora.

Notas de cocina es una obra que junta varias escenas con distintos personajes sin conexión aparente. Esto hace que no sea un montaje con una trama única y le impide tener una estructura del todo definida. Como si fuera una antología escénica, recoge muchas historias con muchos personajes sin nombre; y si bien este eclecticismo no deja que el público conecte nunca con ninguno de sus personajes y que sus historias rayen con lo absurdo y lo ilógico, es precisamente en esa “carencia” donde salen a relucir los mayores logros escénicos del montaje: la presentación de los actores y el humor negro, entre crudo y sutil, que logra construir.

Como tienen que pasar de una situación a otra tan rápido, con personajes tan distintos entre sí (y además tan poco definidos) la versatilidad de los actores es clave para construir la verosimilitud de lo que se está narrando y, sobre todo, para mantener la atención de un espectador que se estará esforzando por darle unidad a una obra que, no sólo no la tiene, sino que no la necesita. Una versatilidad que todos los actores (Hernán Cabiativa, Martha Márquez y Matías Maldonado) demuestran de principio a fin de una manera sólida y divertida.

El espectador entiende, poco a poco, que si bien no hay una lógica narrativa, la constante en Notas de cocina es esa risa cruel que anunciaba arriba. El montaje se burla de todas las instituciones de las que se vanagloria nuestra sociedad burguesa, cuestionándolas, desafiándolas y desacralizándolas. De hecho, la obra no deja títere con cabeza: la familia, la maternidad, el éxito, los premios, el sentido de la vida, la auto superación, la política, la educación, el “buen gusto”, el arte y los medios de comunicación, pasan todos por esa visión sarcástica ante un espectador que no tiene más opción que reírse de todos, de todo y de sí mismo. La adaptación del texto de García al contexto bogotano es, además, un elemento más a su favor porque termina señalando esas vigas sobre las cuales se construye la identidad bogotana que nos encanta ignorar: el esnobismo, el arribismo y la doble moral.

Notas de cocina es, así, una obra para aquéllos que disfrutan del humor negro pero, sobre todo, para quienes estén dispuestos a poner su cabeza en la guillotina para que se la corten. Después de todo, al final, el espectador quedará con la sensación de que todo eso de lo que nos burlamos es, en últimas, todo eso que somos; una risa que nos lleva a ser más conscientes de quiénes somos, quiénes nos rodean y en dónde vivimos, como si estuviéramos mirando un espejo provocador e incisivo.

Publicado en Teatro | Deja un comentario

Chicas desnudas leyendo

Una imagen de Martín Castillo

CHICAS DESNUDAS LEYENDO
un texto para Cartel Urbano

“Debes admitir, Blanche, que no hay nada más humanamente hermoso que los pechos de una mujer. Nada más humanamente hermoso, más humanamente misterioso que la razón por la cual los hombres quieren acariciar sin cesar, con pinceles, cinceles o manos, estas bolas de grasa extrañamente curvadas, y nada más humanamente atractivo que nuestra complicidad (me refiero a la complicidad de las mujeres) con su obsesión.”
Coetzee en Elizabeth Costello

¡No es fácil leer!, suele decir la actriz y co-directora de Mapa Teatro Heidi Abderhalden. Sabe de lo que habla. Lleva más de ocho años organizando Cabarets Literarios en la vieja casa de la carrera séptima que funge como base de operaciones del Laboratorio de artistas más influyente de Bogotá. Por allí han pasado actores, escritores, músicos. La mayoría muy talentosos, pero no todos buenos lectores.

Leer acostumbra a ser una actividad solitaria, privada. Convertir la lectura de un texto en una propuesta escénica implica, en primer lugar, ser consciente del espacio. No es lo mismo leer en un parque que en una iglesia. No se presta la misma atención en un bar con música de fondo que en una silenciosa librería. En segundo lugar, el cuerpo. Demasiados escritores no son conscientes de lo mal que leen sus propios textos. Deberían pensar en Mario Bellatin y en su legendario Congreso de dobles de escritores, en el que actores preparados durante meses reemplazaron a los autores a la hora de dar la cara ante sus lectores.

Naked girls Reading nació en Chicago en el 2009. Se les ocurrió a la showgirl Michelle L’amour y a su esposo Frankie Vivid. La idea era, es, simple. Un grupo de bellas mujeres desnudas leyendo a una audiencia. Simplemente eso. En su página web afirman que no esconden (obvio, están desnudas) pretensiones literarias ni sórdidas. Cuatro años después se convirtieron en una suerte de franquicia y hoy en día, son dieciocho las ciudades donde se llevan a cabo estas lecturas.

Los textos escogidos no son necesariamente eróticos. Van desde las tragedias de Shakespeare a los cuentos de Hemingway, de los viajes de Keoruac a los tugurios de Baudelaire. Aventuras de piratas o libros de auto-ayuda, todo vale si se crea una atmósfera lúdica y sexy, intelectual y frívola. Obvio que un tatuaje en donde debería ir el vello púbico alejará momentáneamente al oyente del mundo de Faulkner. Pero inmediatamente regresará a ese condado ficticio de Yoknapatawpha donde viven sus personajes. En ese viaje de ida y vuelta, entre el cuerpo y la mente, algo revelador sucede.

Las mujeres no están totalmente desnudas. Llevan puesto algún tipo de zapatos y se engalanan con distintos tipos de joyas. El maquillaje completa la construcción del personaje. Lo interesante es que esas mujeres no intentan ser sexys, no posan obscenamente. Simplemente leen desnudas, y lo hacen bien, y eso genera algo difícil de explicar para el que no lo vive. Suele suceder con los gestos simples. Pero es que además el sentido de lo leído se transforma. Las propias lectoras lo sienten en su propia piel.

Cabe preguntarse entonces si los diferentes ministerios de cultura, siempre obsesionados con los índices de lectura, pueden sacar provecho de esta propuesta. No para organizar eventos parecidos, pues la opinión pública, siempre moralista, les caería encima, sino para pensar en otras estrategias que saquen a la literatura del puente de los aburridos en donde a menudo yace.

Publicado en textos | Deja un comentario