Carcelona digital

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Gracias a los capos de sigueleyendo.es, desde hoy se puede leer la versión digital de Carcelona.

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La conferencia final

entrevista en Caracas

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Y cuánto le duele la mujer al hombre

“El hombre. Qué simpático es. Menos mal. ¿Es él nuestra fuente de inspiración? Sí. ¿Es nuestro desafío? Sí. ¿Es nuestro enemigo? Sí. ¿Es nuestro rival estimulante? Sí. ¿Es nuestro igual al mismo tiempo por completo diferente? Sí. ¿Es lindo? Sí. ¿Gracioso? Sí. ¿Es un niño? Sí. ¿También un padre? Sí. ¿Nos peleamos con él? Lo hacemos. ¿Podemos seguir sin el hombre con quien nos peleamos? No. ¿Somos interesantes porque al hombre le gustan las mujeres interesantes? Lo somos. ¿Con el hombre tenemos los diálogos más importantes? Sí. ¿Es el hombre irritante? También. ¿Nos gusta que nos fastidie? Nos gusta.

Podría seguir con esta lista interminable hasta que el director me ordene parar. Pero creo que nadie me mandaría detenerme. Creo que toqué un punto neurálgico. Y, por ser un punto neurálgico, cómo nos duele el hombre. Y cuánto le duele la mujer al hombre.”

Clarice Lispector, Revelación de un mundo, Adriana Hidalgo editora, Bs. As., 2005.

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Teatro y literatura

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Contra los opinadores a sueldo


CONTRA LOS OPINADORES A SUELDO
(una respuesta-remake a Héctor Abad)

Lo digo con orgullo, sin vergüenza: leer a los opinadores a sueldo de los periódicos me produce una aversión parecida a comer una tortilla de patatas hecha con huevos podridos. Los opinadores escriben necedades, escupen lugares comunes y se creen intelectuales, y yo siento una mezcla de vergüenza ajena, rabia y malestar. Quiero quemar el periódico. Sentado en el sofá no entiendo qué he hecho para merecer esto: leo un texto ridículo, caduco, un muerto en vida. Una antigualla que huele mal, una impostura. Los que odian las sapos, los que no soportan siquiera su vista, reconocen que el sapo es un animal inocente, inofensivo, incluso útil. Si a veces destila una leche venenosa, ésta puede producir eczema, pero casi nunca es mortal. También yo sé que los opinadores a sueldo son inocentes, inofensivos, incluso inútiles, sé que su veneno no mata, y sin embargo me repele.

Para el fóbico, de nada vale la prueba racional de la inocencia del objeto de su fobia. Al que le tiene fobia a volar no le sirven las estadísticas sobre lo poco probables que son los accidentes aéreos. De nada le sirve que la culebra tal sea de las que no atacan a nadie; si tiene fobia por las culebras da lo mismo que pique o no. Al que odia a los columnistas no le importa que a él se hayan dedicado algunos de los mayores genios de la literatura: Roberto Bolaño, David Foster Wallace, Dostoievski… Lo hicieron, sí, pero cuando se inspiraron, cuando sintieron que aportaban algo que valía la pena compartir. También Karl Kraus era un genio, y escribió grandes sobre sus gustos, pero ¿a quién se le ocurre, hoy, hablar de sus manías personales?

Alguien con fobia al avión, en general, no tiene nada contra los pilotos en tierra. Yo no tengo nada contra los novelistas, cronistas o poetas convertidos en opinadores a sueldo. Algunos periódicos son dignos, algunos jefe de redacción heroicos. Los opinadores son personas, en general, tan inofensivas y útiles como los sapos. Sus textos destilan un veneno blancuzco que no mata. Fuera del periódico son simpáticos, inteligentes, cultos. Me caen muy bien, en un comedor o en una esquina, Héctor Abad, Andrés Hoyos, William Ospina, Juan Gabriel Vásquez, Javier Cercas: personas extraordinarias. Pero encaramados en el ego de sus textos, engolados, disfrazados, se convierten en monstruos.

“No seas tan crítico”, le dice uno a un amigo cuando está exagerando. Los opinadores en el periódico —precisamente por la falta de ideas y la obligación de escribir cada semana para cobrar el cheque a fin de mes— tienen que hacerse los listos, escribir sobre lugares comunes: no critican nada, en el sentido etimológico de la palabra, o sea separar lo bueno de lo malo. Tampoco crean problemas. Se dedican a escribir sobre los temas políticos que los partidos ponen sobre la mesa. Discuten sobre las discusiones ya existentes. No generan nuevas discusiones. Miran de responder, con mayor o menor acierto, a las preguntas que les hacen los medios. No se hacen preguntas distintas. Por más buen novelista que sea el opinador, su columna es casi siempre una estafa. Por hábil e ingenioso que sea, su texto aburre. Se desgañitan, se hacen los graciosos, y, lo peor de todo (si es un novelista exitoso), hablan de sus intimidades: suponen que al lector le interesa saber sobre sus miserias cotidianas, o sobre lo que su hermana o mujer opinan de tal o tal cosa.

Al que le tiene fobia a los sapos, le fascinan los sapos, pero en láminas o en libro. También a mí me fascinan las ideas de los personajes de una buena novela. O trasladado al teatro, con esos parlamentos por momentos perfectos. Gozo con los libros complejos o con esa manera de opinar moderna que se llama crónica. Como un homenaje a las buenas columnas de opinión de los periódicos (que debieran existir, y apoyarse, y protegerse, como los aviones, las culebras y los sapos), en estos días no pienso leer a Larra, a José Martí, a Rubén Darío. Iré al teatro en cambio. Y al que me insista en que lea el periódico le contestaré en castellano castizo: vete a freír espárragos.

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LAS LISTAS, en el festival iberoamericano de teatro de bogotá 2012

LAS LISTAS
La obra

El mundo que se construye en Las Listas es totalmente imaginario. Un mundo en el que todas las personas se han convertido en artistas. Ya no hay profesiones ni trabajos que no se relacionen con la vida bohemia. Todos quieren lograr la fama y por lo tanto, ya no queda nadie que se dedique a labores básicas como arreglar zapatos, vender comida, fabricar papel higiénico o manejar un supermercado.

En la obra Las Listas, de J.D Wallovits al igual que en el montaje que hace Marc Caellas de ésta, se ha democratizado el arte, un oficio que se veía antes como algo reservado para los que tuvieran la ayuda de los dioses. El problema es que lograr abrir el espectro del arte puede llevar a que la humanidad muera de hambre. El montaje de Caellas se aprovecha de las temáticas de la obra para hacer una producción cargada de sarcasmo y la banalización de la figura del creador.

El autor
J.D Wallovits (1969) es un joven dramaturgo y director nacido en Argentina quien ha realizado una gran variedad de obras de teatro y películas. En 2003 su filme “Smoking room” fue galardonado por Mejor Dirección en los Premios Goya. Después del éxito de la película, Wallowits decidió montar una obra escrita por él mismo: Las Listas. En esta pieza, el director argentino intenta mostrar el declive del mundo del arte, el hecho de que, en sus propias palabras, “jamás hubo tantos artistas y tan poco arte”.

El director
Marc Caellas (Barcelona, 1974) Gestiona producciones culturales, dirige propuestas escénicas y escribe. Publicó Carcelona (Melusina, 2011) y una de las 10 dosis de The Wire (Errata Naturae, 2010). Se ha interesado por mostrar sus obras teatrales en espacios no convencionales. Dirigió La Cena (Giuseppe Manfridi), estrenada en una galería de arte Miami (2002) y Caracas (2006); El Amor de Fedra (Sarah Kane)en una casa abandonada del Country Club de Caracas (2007); Haberos Quedado en Casa Capullos (de Rodrigo García) en 4 localizaciones distintas del barrio de La Macarena de Bogotá (2008). Con Los Críticos también lloran (de Roberto Bolaño) -estrenado en Bogotá y presentado en Mérida, Barcelona, Madrid, Estocolmo, Sao Paulo y Río de Janeiro- inició una serie de colaboraciones con escritores que cuestionan los formatos tradicionales con que se presenta la literatura en público. Su última propuesta fue Entrevistas breves con escritores repulsivos (Buenos Aires, 2011), basada en textos de David Foster Wallace y presentada en la sede de la Fundación Tomás Eloy Martínez.

los “actores”
El músico es Daniboom
Daniel Broderick tiene una trayectoria larga en la escena de la música electrónica nacional como dj Daniboom, desde el colectivo Mutaxion y el festival Bogotrax; es co fundador de la agrupación Systema Solar la cual es muy activa en la escena nacional además de girar internacionalmente.
El escritor es Ángel Beccassino
Beccassino ha publicado ensayos sobre diversos temas, y libros gran formato que recogen su trabajo como fotógrafo. Como periodista fue corresponsal de medios gráficos iberoamericanos en Asia y Europa, cubriendo las guerras de Medio Oriente y Colombia. También ha escrito y dirigido teatro, y en los últimos veinte años realizó diversas propuestas de arte mediante intervenciones en el espacio público, videoinstalaciones, performances, instalaciones fotográficas y happenings mediáticos en galerías de arte, museos y otros espacios de ciudades de América Latina, Europa y Asia.
El campesino es Hernán Cabiativa
Actor Bogotano de 35 años de amplia formación y trayectoria teatral. De contundentes interpretaciones en trabajos audiovisuales para cine y video. El contraste de sus rasgos fuertes con su trato juicioso y delicado en la construcción de los personajes, hacen de sus intervenciones siempre un encuentro significativo para el espectador. Su sentido del humor espontáneo y generoso se conjuga muy bien con el profesionalismo que asume en sus retos escénicos. Bajo el nombre artístico de: “El Cigalilla”. Este actor se revela siempre de manera distinta en sus interpretaciones, construyendo un lenguaje de complicidad con el público al cual provoca y seduce con su trabajo cargado de ancestro, verdad y pasión.

El festival
Cinco continentes, 32 países, 63 compañías internacionales, más de 180 grupos colombianos, 22 salas, 11 parques, 3 centros comunitarios, 1 centro comercial, la Plaza de Toros, el Palacio de los Deportes, la Media Torta, Corferias como Ciudad Teatro, alrededor de 1000 funciones, 2000 artistas y millones de espectadores le darán vida al XIII Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá que, del 23 de marzo al 8 de abril de 2012, se convertirá en “La fiesta de las mil caras”.

Mayor información en www.festivaldeteatro.com.co
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La culpa de todo la tiene Yoko Ono

Publiqué esta breve reseña de la novela póstuma de David Foster Wallace, El Rey Pálido, en el suplemento de cultura de Tiempo Argentino. El título es tanto un homenaje a Def Con Dos como a una noche memorable en el barrio de La Soledad.

LA CULPA DE TODO LA TIENE YOKO ONO

Pieza de armario III
Matar a todos los hombres con quienes se haya dormido.
Poner sus huesos en una caja y largarla
al mar con flores.
(Pomelo, un libro de instrucciones de Yoko Ono, Munternaum Press, 1964)

Poco tiempo después que David Foster Wallace empezara a salir con Karen Green, la artista visual convirtió el relato “La persona deprimida” (incluido en Entrevistas Breves con Hombres Repulsivos) en una serie de paneles ilustrados que, a diferencia del texto, sí curaban a su protagonista. DFW se puso feliz, pensó que el texto sería más agradable de leer, se enamoró. Pero, como es bien sabido, no se puede vivir del amor (gracias Calamaro) y Wallace optó por sumergirse en El rey pálido, una novela ambiciosa y radical, de la que no salió indemne, con su desesperanzado intento de analizar el aburrimiento y la tristeza, sin aburrirnos. ¿Es posible tal empeño? En varias partes del libro, el narrador pide disculpas por extenderse en aspectos que, a priori, serían prescindibles (en una novela de Jonathan Franzen por ejemplo) pero que, a la hora de la verdad, arman el mosaico narrativo que crece y crece y nos levanta de la silla y nos excita y nos abruma y nos atraviesa dejándonos exhaustos, pero felices.

El rey pálido debería ser lectura obligatoria en las facultades de economía. Deberían existir profesores como el de Fiscalidad Avanzada, que en apasionados speechs informen a sus atónitos alumnos sobre la verdadera naturaleza de su profesión. Y es que en este mundo post capitalista (y post porno) en el que despedimos a las amantes como si fueran empleados, los burócratas, los funcionarios o los contables podrían ser los últimos héroes: “El verdadero coraje consiste en soportar el tedio minuto a minuto y dentro de un espacio cerrado”; “el heroísmo verdadero no recibe ninguna ovación y no entretiene a nadie.”

DFW anticipa la crisis del capitalismo funeral a partir de la microeconomía de los gestos y actitudes. Basta con seguirle los pasos a la crisis de Irán, la así llamada fogosa empleada de la Agencia Tributaria, siempre dispuesta a complacer a cualquier David Wallace que aparezca en sus dominios. Basta con entender que la violencia social se origina en los silenciosos domingos familiares. Basta con ser conciente de que no podremos dejar de drogarnos mientras no prevalezca el lenguaje de la piel sobre el de las neuronas. Basta con… Karen Green solía bromear con su marido sobre la posibilidad de que se suicidara y de que ella se convirtiera “en la Yoko Ono del mundo literario, la mujer que intentó domesticarlo”, con el final ya conocido. No hubo droga ni esposa capaz de detener al Chapman que DFW llevaba dentro. Su obra, aunque inconclusa, es brillante y hace menos repulsivas nuestras vidas.

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El secreto reside en los nervios


“Mi aspecto, para los que recién me conocían, era el de una conspiradora o el de un ser extraño, mitad sulamita y mitad murciélago albino. Pero eso a mí no me importaba. Allí está Auxilio, decían los poetas, y allí estaba yo, sentada a la mesa de un novelista con delírium tremens o de un periodista suicida, riéndome y hablando, secreteando y contando habladurías, y nadie podía decir: yo he visto la boca herida de la uruguaya, yo he visto las encías peladas de la única persona que se quedó en la Universidad cuando entraron los granaderos, en septiembre de 1968. Podían decir: Auxilio habla como los conspiradores, acercando la cabeza y cubriéndose la boca. Podían decir: Auxilio habla mirándote los ojos. Podían decir (y reírse al decirlo): ¿cómo consigue Auxilio, aunque tenga las manos ocupadas con libros y con vasos de tequila, llevarse siempre una mano a la boca de manera por demás espontánea y natural?, ¿en dónde reside el secreto de ese su juego de manos prodigioso? El secreto, amigos míos, no pienso llevármelo a la tumba (a la tumba no hay que llevarse nada). El secreto reside en los nervios. En los nervios que se tensan y se alargan para alcanzar los bordes de la sociabilidad y el amor. Los bordes espantosamente afilados de la sociabilidad y el amor.
Yo perdí mis dientes en el altar de los sacrificios humanos.”

Roberto Bolaño
Amuleto

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En mi nueva vida quiero ser negro

una imagen de Margarita Posada


(Dedicada a Salvador Fleján por la inspiración y a Ivanhoe y Tiempo Argentino por el interés)

CRÓNICA DEL HAY FESTIVAL

El recién terminado Hay Festival Cartagena ha inoculado en mí dos fantasías aspiracionales de las que será difícil librarme en un futuro inmediato. Una de ellas tiene que ver con mi lado hedonista: ser propietario, o mejor usufructuario, de una casa en la Calle Real del Cabrero, justo al lado de la iglesia del Cabrero. La otra fantasía es más factible: en mi nueva vida quiero ser negro.

Esta última certeza la tuve clara la primera noche que pasé en Cartagena. Fue en el Bazurto Social Club, escuchando a los bazurto all-stars, dándome cuenta de que para tocar buena música no es necesario vestirse con turbantes new-age ni soltar mensajes de todo-a-cien entre canción y canción (sí, va por ti, Carlinhos Brown). Ser negro me permitirá sacar a bailar a las chicas que trabajan en el festival, salir en la portada del periódico encaramado a la muralla oteando el horizonte y proclamar cosas como que “un escritor debe ser ante todo una persona que escucha. Los gritos, el llanto, pero también la risa. Uno debe escuchar el alma de su tiempo” (Ben Okri dixit).

En mi nueva vida, además de ser negro, voy a ser siempre puntual, minaré las dudas que hay acerca de mi seriedad. Sí, como Nacho Vegas. Confío en que esa actitud hará que no tenga problemas para acreditarme y no me vea obligado a mendigar escarapelas entre los colegas periodistas. Todo eso será en mi nueva vida pero ahora no. En esta vida un día trabajo para Terra, otro para el grupo Prisa y el resto para Barrio Sésamo. No pasa nada, la liga está ganada. Es fácil hacerse querer en un festival literario, basta con regalar cocaína a los editores locales, prestar el celular a las críticas literarias italianas y participar de una cata de mezcal con unas mexicanas que, aunque te llamen a medianoche, a la hora de la verdad, prefieren la compañía de la raza superior.

En mi nueva vida no habrá drogas ni alcohol, dedicaré las tardes a disfrutar de las puestas de sol, como las de Cartagena, mucho más inspiradoras que las peroratas de algunos de los escritores invitados a esta feria de las vanidades tropical. Un encuentro del que la mayoría de espectadores son un parche de señoras. Un ochenta por ciento, diría. Muy atentas a Diego Luna, el actor que presentó una puesta en escena sobre Aullido, de Ginsberg, en un teatro Mejía repleto de groupies. Una precisa puesta en escena con una mesa llenando gran parte del escenario y con los acordes de Jaime López aportando algo del espíritu beatnik que tanto se echa en estos días en los “que en una protesta sin humor volcaron sólo una simbólica mesa de ping pong.”

El que no vargallosea (dícese de aquel que pontifica de cualquier asunto con voz grave y gesto serio) es Mario Bellatin. Su participación en una mesa redonda, como la de Iniesta en una cancha, es garantía de espectáculo. Como cuando cuenta sobre el arte mexicano del alquiler de personas. Si te detienen por exceso de alcohol al volante, gracias a un vacío legal, puedes pagarle a alguien para que pase las dos noches de cárcel correspondientes. Como algunos hospitales piden que siempre esté un familiar a mano, hay un mercado de señoras preparadas, por una módica cantidad, para hacerse pasar por la esposa o la madre del difunto. Bellatin confiesa que está pensado seriamente en alquilarse un “negro” literario para que escriba en su nombre. Para no tener que escribir artículos sobre la violencia en México. Algunos sospechan que ya lo hizo hace tiempo.

En mi nueva vida leeré únicamente poesía. La del tuerto López, por ejemplo, uno de los grandes poetas colombianos del siglo XX, tachado en su tiempo de payasito pero reivindicado ahora, cuando un Nicanor Parra se gana un Cervantes. A Luis Carlos López lo tienen un poco maltratado en Cartagena. Le mueven de lugar los zapatos viejos, ponen las placas con su nombre detrás de una farola y le amputan versos a sus magníficos sonetos. En mi nueva vida, de eso estoy seguro, no me pondré nervioso cuando una joven poeta local, únicamente vestida con un trapito que alcanza justo para tapar las zonas pudendas, escriba su nombre en mi pecho con su dedo color café. En mi nueva vida, seré capaz de escribirle versos como “Con tu traje color de chocolate/y con tus cintas de color rapé/semejas el más bello disparate/de la moda: tienes cutis de té.”

Siendo negro podré competir con los encantos de los chicos del Hypnotic Brass Ensemble y levantarme a alguna sinfómana (dícese de aquella mujer ninfómana, pero sólo con los músicos). Reseñados en el programa como “el grupo favorito de Obama”, como si eso significara algo, los jóvenes esforzados hicieron retumbar las almas de las monjas del convento de Santodomingo. Por la noche, alguno de ellos no paraba de repetir “I love Colombia, man!” Y sí, todos amamos a Colombia, todos tenemos nuestro propio plan Colombia. El de Daniel Samper Pisano consiste en nacionalizar a todos los futbolistas españoles con novia colombiana. A la espera de que aumente el selecto grupo, Piqué y Pujol formarían la defensa central de una selección a la que no le basta el irregular Falcao para llegar al Mundial. Y es que como bien afirmó el escritor Juan Esteban Constain en otra mesa, el fútbol es mucho más importante que la literatura.

En mi nueva vida me haré amigo de Óscar Guardiola, un filósofo colombiano que siempre organiza fiestas en las habitaciones de hotel en las que se encuentra: “El otro día me echaron del Chelsea en New York, pero esa parranda había que hacerla.” Guardiola cree que si Latinoamérica gobernara el mundo todos bailaríamos mejor. Y lo haríamos escuchando una música muy diferente. Guardiola habla de una trinidad, una suerte de criticismo mágico que vincula la imaginación, la determinación y la esperanza. Sin necesidad de levantarse tan temprano, ¿eh Pep?

En mi nueva vida espero organizaré mi propio festival literario, si no en Cartagena en algún otro rincón del Caribe, y nunca invitaré a monjas, ni siquiera a monjas guerrilleras como la tal Leonor Esguerra que dijo sandeces del tipo “me hice del ELN porque en mi época aún no era famosa la Madre Teresa de Calcuta” (Mother T para Manuel Vilas).

En mi nueva vida sabré hablar con autoridad, ahora del tocino, ahora de la velocidad.

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Bandini cuenta la última función (por ahora)

escena 4 de entrevistas breves con escritores repulsivos


ESTO DEL FINAL
por Roni Bandini

The problem is that once the rules of art are debunked, and once the
unpleasant realities the irony diagnoses are revealed and diagnosed,
“then” what do we do?

DFW

Aparece este cansancio y no entiendo sus motivos. Fue un día típico: insomnio, emails enojados, un encargo, siesta, dos páginas decentes. Quizás tuvo que ver la performance en el Palais de Glace. Mi cuerpo puede aguantar 48hs de lluvia en moto pero no 20 minutos extrapolando el negativo de Georges Perec con Marc a lo David Lloyd, Funkhouser soplando ritmos jazzeros, mi primera actriz de EBCER pistoleando agua potable y dos mujeres ajenas escaparadas como chupetines.

Total que llego a la Fundación y me clavo antes de tiempo el último 5 Hour Energy. De repente creo que fue mala idea haberle regalado uno a Funkhouser. Lo tomó en el Palais, durante la performance y acusó el único efecto no indicado en el prospecto. Me levanto algo, apenas para saludar, servir un Jameson y charlar con la directora que estrena situación de calle. Mentira. Así le gusta verse pero podría alojarse de por vida, una semana con cada persona que recibió su ayuda alguna vez.

Llueve y los micrófonos no andan y el 5 Hour Energy parece que nunca sucedió. Refuerzo con una Cafia y otro Jameson. La sala está llena, llega Ivanhoe y hago mi parte. Solo que esta vez me parece que entiendo algo. Es como esa experiencia de la gente que se eleva y ve su cuerpo soñando en la cama. Pero yo no floto, yo estoy en la cama y la obra toma lugar en el floating y de fondo suena la canción de Nacho Vegas “Creo que soy el último en la fiesta… una en la que nadie me invitó″ y alrededor de la cama hay mujeres desnudas con el pañuelo de Foster bebiendo Ginger Ale y se supone que tengo que sacar una conclusión de todo esto pero me quedo con la belleza del montaje. Termina la escena. La última, la mejor. Soy puro cliché. O será que esto del final empieza a afectarme.

La gente sigue su recorrido por la casa y entro al Twitter Room. Ahí está Piro. En general me espera con mil anécdotas fondeando un Jameson. Hoy está inclinado sobre un sweater negro, sacando bolitas de lana. Le pregunto si no hay una máquina para resolver eso. “No es lo mismo” y sigue hasta el infinito. Me sirvo el Jameson, subo los pies a la mesa y pienso en las chicas desnudas bebiendo Ginger Ale. En un momento la puerta se abre y aparece Martin, con sus carpetas de sexador. Funciones buenas, funciones malas, su expresión es imperturbable. Pero tiene la birome de Ivanhoe y ahí está la señal.

La gente sigue el recorrido por la Fundación. Ahora viene la terraza con el gran Funes. Desde abajo escucho el volumen del final, las risas y un juego de sombras. La gente baja, se acomoda. Funkhouser larga su parte con claridad y puedo identificar exactamente las variaciones, su ma nishtanah. Seguimos. Esta vuelta me esfuerzo en escuchar a Piro. La chica de la inmobiliaria – dicho sea de paso es psicóloga y no trabaja en ninguna inmobiliaria – tenía razón, no escucho a los de_más. Pero ahora sí, lo escucho y entiendo por dónde va la cosa. Con el sweater negro lo está diciendo todo. El verano ya fue. Aplausos finales. Saludos.

Subimos a la terraza. Max me acerca un vino. No es bueno mezclar. Por eso sigo con las Cafiaspirinas. Piro, apoyado en los márgenes, me dice “¿Sabés quién es esta chica? Gaby B” No es culpa de ella, es mía, no la conozco, no conozco a nadie. Conozco a Sistemas G pero supongo que no tiene nada que ver. Resulta que sí. Es el padre. Hablamos de costado, estilo Saint-Germain. Me pregunta quién me editó. Me cuenta quienes la editaron a ella, me pregunta dónde vivo, me cuenta donde vive ella y ahí agrega “Mirá que tengo novia” Debe ser el cierre. Se me abrió y eso explica todo. Bajo la mirada. Cerradísimo. Intercambiamos mails, recargo vino, me siento y otra vez el cansancio. Un camión me tira arena en los hombros. Aguanto como puedo y ahí aparece la actriz de los empujones con el dedo en alto “Leí tu pinche blog” y que menos mal que no puse el nombre porque sino, porque sino, sino… Me dice que además se trata de jugar, ella estaba jugando (bueno, juguemos al doctor) y que no pudo venir por un tema de estudios pero que ya está, ahora es doctora (entonces con más razón…) Refill de vino.

Llega la casi expat. Había dicho que no iba a venir -> vino con las calzas de Jane Badler. Había dicho que no se iba a enojar -> tiene cara de oficial del MBR200. Pero soy un tipo comprensible, macanudo y me acerco a saludar. La casi expat me esquiva y utiliza a la niña que lleva en brazos para embestirme palestinamente. Sobrevivo con un raspón de vino tinto en la camisa.

Sucede la no presentación del libro de Marc. Yo sigo la consigna al pie de la letra. Una lástima porque Carcelona es excelente y no siempre tengo ocasión de hablar bien de algo.

Ivanhoe deja adivinar las dos últimas semanas, todo un cuadro de situación por su mirada sobre los zapatos provocadores que andan en círculos, en espiral, hacia el centro de su preocupación. No sabe que son cosas de chicas para chicas. Yo tenía una novia que decía “Es que un par de zapatos te visten…” Todo el tiempo lo decía. Un día de humedad se me escapó “Nada que ver. Un culo te viste”

La fiesta sigue en tres mesas del bar Cervecero. Me siento con Marc, Funkhouser, Ivanhoe y su amiga Yoga-timonel-ojos-claros. Desfondo la última Cafiaspirina del blister y noto que ya no se trata de mi cuerpo, se trata de mi cabeza. Estoy dormido hace horas. Veo en cámara lenta a la moza, una narigoncita hermosa pero no se me ocurre nada para decirle y después aparece Juan T. con una importante cantidad de flores para Ivanhoe. Momento extraño. Juan T. con aquella columna logró algo muy difícil de superar: retirarle dos pautas a Moneta, polémica épica y dejar en evidencia que no hay temas lo suficientemente insignificantes para fundar una ONG ni feministas lo suficientemente pelotudas y sintéticas para presidirlas. Entonces no sé si el Jameson, el vino, el cansancio pero me cuesta el gesto de las flores, la complejidad de las personas.

Camino al baño, la directora en situación de calle me presenta a una chica más ebria que yo. Tiene $400 en la mano, sonrisa eterna y una cola notable. Ahora debo una semana de alojamiento. O quizás no. Mis manos están bajo el agua pero no se mojan. Me doy cuenta de que esto ya fue. La noche y todo lo demás. Bajo rebotando por Avenida La Plata.

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